Este año 2022 analizar el encuentro de Davos, organizado por el World Economic Forum, exige abstenerse de reutilizar patrones de años pasados.
Era la supuesta vuelta a la normalidad en cuanto a encuentros presenciales de los magnates, lideres empresariales y políticos, creadores de opinión y buscadores de relaciones (networking) al máximo nivel. Sin embargo, ha sido todo menos esa deseada vuelta a la normalidad. El formato y los asistentes puede que hayan tenido algún parecido con anteriores ediciones del encuentro que se celebra desde 1971.
Pero sin duda, lo excepcional de las circunstancias en las que el mundo está inmerso ha sido la nota distintiva. Ello ha modificado sustancialmente el contenido de las conversaciones y debates. La convulsión externa global y un pesimismo generalizado lo invadía todo.
Podría decirse que, también como excepción, la escena ha estado más dominada por lideres políticos que por Presidentes y primeros ejecutivos de las grandes empresas. Estos últimos han dado la sensación de ir a remolque de los acontecimientos y de factores exógenos que les superan y quedan fuera de su control. La intervención del Presidente de Ukrania, considerada como un momento estrella de Davos este año, ya da una idea de donde estuvieron las prioridades, al menos las de la atención de los medios de comunicación.
Realizando un esfuerzo de síntesis, se puede decir que tres han sido los asuntos que han dominado los debates, bien de forma explícita o al menos influyendo en el resto de los temas tratados: Rusia por su invasión de Ucrania, la inflación súbita de los precios mundiales y los efectos de la pandemia.
Evidentemente no se tiene información de los temas que han prevalecido en las agendas privadas bilaterales de los principales asistentes, pero si queda claro que los tres temas indicados han estado en el vértice de todos los debates.
Aunque el origen y la naturaleza de los tres asuntos es muy distinta lo cierto es que los tres convergen de alguna manera y se refuerzan en su impacto, aunque sea con diferente intensidad, en prácticamente toda la comunidad internacional.
Una guerra en Europa en conjunción con una pandemia han dado como resultado lo más parecido a una erupción volcánica, inesperada y por tanto de compleja reacción inmediata. El magma ha ido arrasando el escenario y el paisaje que existía antes de la erupción. En nuestro caso podemos equipararlo a las agendas de asuntos que en circunstancias más normales hubieran sido focos de atención prioritarios y que han quedado fundidas en una masa donde se mezcla todo y las prioridades han sido revisadas muy sustancialmente.
En una situación menos excepcional los asuntos de primera línea muy bien hubieran podido ser : la investigación que se está llevando a cabo tan escrupulosamente en EEUU sobre lo acontecido el 6 de Enero del 2021 con las consecuencias que ello puede tener para que Trump vuelva a ser el Presidente de EEUU; o los efectos del Brexit con el resurgimiento de graves tensiones entre la UE y Boris Johnson, o la preocupación por la actitud de China y su proximidad a Rusia así como por su influencia negativa en la cadenas de suministros mundiales…
Probablemente estos temas se hayan tratado en algunos pasillos de Davos 2022 pero sin duda no han salido a la luz con la fuerza que en si mismo tienen.
En cambio, lo que si han traído a la mesa es un menú de problemas muy variado. En un foro como Davos en esta ocasión al menos se han planteado en cada caso muchas más preguntas que respuestas.
Veamos algún detalle de algunos asuntos que han sido objeto de más atención:
- Las 3 Rs: Rusia, Rates (tipos de interés), Recesión.
Probablemente los que hayan asistido presencialmente a Davos este año hayan repetido estas tres palabras más que cualquier otra. Tres elementos que forman una cadena con estos eslabones. Los dos primeros ya presentes y conceptuados como un grave problema en la realidad actual y el tercero, sin embargo, algunos tan solo lo vislumbran y prefieren casi ni mencionarlo, mientras que otros lo dan por hecho si consideran que se están observando indicadores económicos que ya aparecieron previamente como señales de alerta en anteriores recesiones. Entre este último grupo se encuentran bastantes analistas económicos como es el caso del economista Larry Summers que ya se adelantó a muchos otros en prever la crisis del 2008.
- La política monetaria de los dos principales bancos centrales, el BCE y la Reserva Federal, lógicamente fue objeto de gran atención en Davos. Por primera vez desde la crisis anterior de 2008 estos dos bancos centrales están cerrando la etapa de política monetaria ultralaxa que suponía compra masiva de activos a los bancos centrales nacionales manteniendo tipos de interés del dinero en negativo.
Los simples anuncios del final de esta etapa de una política monetaria tan excepcional ya surtieron efectos en las bolsas y en las decisiones de inversión. Las subidas efectivas de tipos han coincidido en el tiempo con el encuentro de Davos y por tanto ha dado lugar a reacciones inmediatas de algunos actores de la economía internacional, en concreto think tanks, inversores institucionales, etc… Una de esas reacciones precisamente ha sido el mostrar temor por una posible recesión económica acompañada de una fuerte inflación de los precios mundiales, lo que combinando ambos factores perversos sería una situación de estanflación.
- El comportamiento de los precios, la inflación, claramente ha sido una negativa sorpresa para todos. Es cierto que se estaba esperando una recuperación de los precios después de una etapa de muchos años con precios más que estables. No se hablaba nunca de inflación como una amenaza, más bien ha sido una variable que se consideraba bajo control y se comportaba dentro de los parámetros considerados los adecuados. De forma súbita y casi brutal estamos asistiendo a una explosión de precios no prevista por nadie.
Basta con mirar a las declaraciones de los principales analistas, incluyendo a los guardianes de la estabilidad de precios, los bancos centrales. Su reacción cuando aparecieron los primeros síntomas de aceleración de precios fue considerarlo algo pasajero y no se le quiso dar importancia. Ahora esa inflación moderada, casi bienvenida y supuestamente pasajera, se ha convertido en la más seria amenaza para la tan necesaria recuperación económica tras la pandemia.
Es cierto que el tirón inicial de los precios era más previsible ya que es un fenómeno generado por un, también previsible, tirón de la demanda tras la pandemia. Es decir, una inflación de demanda esperada tras un periodo de caída fuerte del crecimiento como consecuencia de la pandemia. De ahí quizás que se estimara que pudiera ser un fenómeno pasajero que se agotaría en el tiempo que durara esa recuperación de la demanda. En buena medida dicha demanda fue financiada por un ahorro casi forzoso que se generó durante el periodo de restricciones de movimientos lo que operó como una gran limitación al gasto. Lo que ya no estaba en ningún plan de negocio ni análisis de coyuntura es la guerra abierta iniciada por Rusia en Ucrania. El shock de precios se vio súbitamente reforzado por la restricción de oferta de gas y petróleo rusos y productos agrícolas de Ucrania.
Un efecto colateral, entre otros, han sido las dudas sobre la fiabilidad de cualquier previsión económica. Estas previsiones a las que continuamente hacemos referencia y a las que muchos inversores acuden para tomar sus decisiones ahora están más que en entredicho por el elevadísimo grado de incertidumbre sobre el comportamiento de las principales variables en las que se basa cualquier análisis de coyuntura.
Además de las catastróficas consecuencias en vidas humanas, que es sin duda lo más grave, la invasión de Rusia también se ha convertido en un elemento adicional de incertidumbre para cualquier analista, político, economista o líder empresarial. Obviamente esta incertidumbre no solo planeó, sino que impregnó profundamente todo lo que se trató en esta edición de Davos.
- La desglobalización: la preocupación por la seguridad ha primado sobre la rentabilidad buscada para cualquier negocio.
Como en muchos otros temas, la pandemia ha supuesto acelerar procesos que ya estaban avanzando claramente. La digitalización es probablemente el más patente. Sin embargo, el retraimiento del fenómeno de la globalización también ha sido fuertemente impulsado por la pandemia. Por si la pandemia no fuera suficiente elemento para frenar e incluso dar pasos atrás en la globalización de las relaciones internacionales, estalló la guerra de Rusia en Ucrania amenazando o casi mejor dicho destruyendo de raíz, no solo la seguridad física de millones de personas sino la seguridad jurídica, la del comercio y la de la inversión.
Quizás este desplome radical de la seguridad, tanto de facto como la percepción sobre la existencia de la misma, se ha revelado como uno de los rasgos diferenciadores de esta edición de Davos respecto a encuentros pasados. Precisamente este factor ha sido en parte responsable de que la desglobalización se haya convertido en un elemento considerado por muchos protagonistas del encuentro como algo no solo inevitable sino incluso aceptado sin resistencia. Qué paradoja ya que se debe tener en cuenta que ha sido Davos durante muchos años la plataforma más entusiasta de la globalización como fórmula para impulsar el crecimiento económico mundial.
Con este motivo se han recordado las teorías del librecambio como panacea del bienestar entre naciones y han surgido debates sobre los argumentos de los que, como es el caso de Dani Rodrik, no ven tan claro las ventajas de la globalización.
- ¿Han quedado totalmente relegados elementos que en otras circunstancias menos excepcionales estarían en los paneles de debate de Davos? Pensemos en la influencia de China en el escenario actual. Evidentemente son temas que no han quedado obviados pues subyacen a muchas de las cuestiones que estaban programados debatir en la multitud de pequeños foros que se celebran simultáneamente en este encuentro.
El parón en crecimiento de China, en parte generado por la radicalidad en el tratamiento en su lucha contra el COVID, influye sin duda en la economía mundial por muchas vías. Una de ellas, que también fue objeto de muchas discusiones, es el impacto al alza en los precios mundiales de los transportes de mercancías y la disrupción violenta de todas las cadenas de abastecimiento.
Millones de empresas por todo el mundo están sufriendo los efectos de la paralización de China como proveedor mundial de algunos inputs básicos para las cadenas de producción de todo tipo de bienes y servicios. Piensen en cualquier sector.
Inmediatamente esto genera un caos imposible de aliviar en el corto plazo y simultáneamente obliga a plantearse soluciones alternativas que, aunque no solucionen de forma inmediata el problema de oferta, al menos generen una reducción de esa dependencia en el medio plazo.
- Energía. Volviendo a Rusia, adicionalmente al espanto de lo que es una guerra, aparece también su responsabilidad directa y consciente por la situación de desabastecimiento de factores de producción claves como son las fuentes de energía, hablaríamos en este caso del gas y del petróleo con origen Ruso. La fuerte distorsión que crean las restricciones está añadiendo una fuerte presión al alza de precios mundiales, tanto directamente vía precios de la energía como a través de los de proveedores de servicios y productos altamente dependientes de la energía que utilizan y que trasladan estas subidas al consumidor/cliente final.
Resultado: una espiral inflacionaria no vista desde los años 70.
En Davos lógicamente se ha hablado de la dependencia excesiva de un suministrador poco fiable como es Rusia, se ha hablado de potenciales fuentes de sustitución de ese gas y de ese petróleo, se han mantenido reuniones urgentes con otros potenciales suministradores, incluida Venezuela….que tampoco es que sean muy fiables, lo cual da una imagen de lo desesperada que es la situación…
El escenario es de desconcierto, frustración e incluso de reconocimiento de errores estratégicos graves en el pasado reciente. Se habló de aquellos lideres políticos que decidieron abandonar fuentes de energía alternativas y aumentaron su dependencia estratégica al concentrar sus suministros de fuentes de energía tradicionales en países productores nada fiables.
En Davos no se toman decisiones que corresponden a los países soberanos, solo se han oído lamentaciones, pero al parecer se han ofrecido pocas soluciones, desde luego nada para el corto plazo. Ha quedado por tanto la sensación de que de nuevo sufrirán menor impacto negativo los que mejor y más rápidamente se adapten a las nuevas circunstancias. Se necesitan diferentes soluciones para los mismos problemas….
- Otros. Se pueden mencionar algunos otros asuntos que han aparecido en las agendas y los han mencionado algunos medios: la digitalización masiva en las empresas que está alterando las formas de trabajo, la entrada de las criptomonedas, tanto las privadas como el que están analizando los bancos centrales, el metaverso, etc.….
En esta ocasión aquello que en condiciones normales hubieran sido temas de discusión de gran transcendencia han quedado relegados a un papel de segundo orden. Y no es por su menor importancia o potencial de transformar un escenario internacional, se ha debido a que una pandemia combinada con una guerra en Europa ha potenciado enormemente la sensación de desconcierto generalizado trastocando radicalmente la agenda de todos esos lideres e “influencers ” que tenían planeado volver a verse en Davos como lo hacían siempre.
¿Qué nos queda?Pues un escenario preocupante dominado por un pesimismo que posiblemente esté justificado. Con pocas ideas nuevas nos queda ser más resistentes que nunca y apoyarnos en el potencial enorme de lo que ha ido transformando nuestras sociedades de forma cada vez más acelerada y profunda y esto es la tecnología.
Si alguien en Davos mostró un cierto optimismo, al menos hablando del horizonte del medio plazo, esos fueron los CEOs de la industria tecnológica. Quizás es que este colectivo, contemplando los enormes retos y amenazas que ahora dominan el escenario mundial, sin embargo, ven que las oportunidades y el potencial de la tecnología pueden superan a los primeros.