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¿Qué significa gobernar durante una crisis global?

El caso de Bogotá1



Javier Andrés Baquero Maldonado2
01-06-2021

articulo

Frente al dolor de la muerte, la enfermedad y la pobreza abres los ojos cada mañana. Eres consciente de que la vida de casi 8 millones de personas puede depender de tus acciones y decisiones. Visualizas a cada persona que pierde a sus familiares en dos semanas por causa del Covid-19 sin ni siquiera lograr dar un adiós, a cada ciudadano que no cuenta con los recursos para vivir en casa la cuarentena y sus hijos pasan hambre, de la persona que perdió su trabajo por la crisis económica, de la empresa que ha tenido que cerrar, de la familia que no pudo pagar más su arriendo y construye una casa con material provisional en una área de reserva ambiental o termina viviendo en la calle. Los días transcurren entre la desesperanza y la fe, para cada miembro del gobierno que se conecta con una ciudad en crisis.

El Mundo ha tenido la primera crisis realmente global y ha exigido a gobiernos y líderes ponerse al frente para afrontarla, sin embargo, este proceso es altamente complejo y en cada sociedad tiene diversos impactos, lo cual exige ser analizado por lo menos desde las diversas experiencias. En este artículo me permitiré presentar un análisis de la experiencia que se realiza en el gobierno de Bogotá, desde una mirada particular en la que me encuentro siendo parte del equipo de gobierno de esta ciudad. Se parte de la presentación del contexto, para luego compartir algunos dilemas que se generan en la definición de prioridades, seguido se hace una reflexión sobre la forma de gobierno que se ha requerido y, por último, algunas consideraciones referentes al rol de las personas y sus relaciones en este proceso.

1. Breve contexto del caso Bogotá - Colombia

Colombia es un país con una democracia considerablemente nueva en comparación con Europa, ya que solo desde 1810 se ha venido consolidando un Estado democrático luego de más de 300 años de colonización. Esta joven democracia, cuenta con la particularidad de estar inmersa en diversas guerras internas, inicialmente por diferencias sobre asuntos de la organización del Estado-Nación, luego por divisiones partidarias; desde los 60’ del siglo XX una guerra de guerrillas, enfrentada por milicias de extrema derecha y la fuerza militar estatal, que en conjunto han dejado más de 8 millones de desplazados internos y más de 200 mil muertes, a lo cual se le ha sumado desde los 80’ la violencia producida por la producción y trafico de drogas.

En este contexto, Bogotá particularmente, no ha sufrido directamente o en gran escala la violencia del país, más allá de algunos atentados terroristas y ser la ciudad con mayor recepción de la población que se desplaza por la violencia, cerca de 700 mil personas. En la ciudad capital se cuenta con una estabilidad institucional que ha permitido, como en pocos lugares del país, contar con gobiernos alternativos a la derecha tradicional y ha contado con gobiernos de centro izquierda o centro.

En las pasadas elecciones del 2019, el Partido Verde constituido por políticos de centro y centro izquierda decidieron postular a una mujer a la alcaldía de Bogotá, miembro de la comunidad LGTB, quien había sido académica y congresista, que en su rol ha enfrentado y puesto en descubierto grandes casos de corrupción del país, y de manera particular, el nexo entre congresistas y grupos armados de extrema derecha, aliados para ganar las elecciones y controlar políticamente ciertas regiones por medio del uso de la violencia.

El Partido Verde vence las elecciones en alianza con uno de los partidos de izquierda de mayor trayectoria del país e inicia su gobierno el 1 de enero de 2020, siendo la primera mujer elegida en el segundo cargo más importante del país, luego de la presidencia.

Bogotá es una ciudad de más de 7 millones de habitantes, sin embargo, con los municipios conexos a la ciudad se aumenta considerablemente la población, de los cuales antes de la pandemia el 2.5% se encontraban bajo la línea de pobreza monetaria extrema y el 12% bajo la línea de pobreza monetaria, aunque con base a la medición de pobreza multidimensional se calculaba un 4,3% de la población en pobreza y aunado a esto en Bogotá se evidencia un coeficiente de Gini de 0.504.

Esta realidad se agudizó por la pandemia del COVID 19, ya que muchas empresas han debido cerrar, se ha generado un aumento en el desempleo al pasar del 10,5% en diciembre de 2019 a un 21,4%, pero la situación es aun más complicada, ya que un alto porcentaje de la población trabaja de manera informal que no cuenta con ninguna garantía para la subsistencia en la cuarentena, ya que realizan oficios varios (venta de cosas en la calle o servicios no regulados), los cuales dependen de un ingreso diario.

2. El cuidado en el centro de la agenda del gobierno y sus dilemas.

Gobernar es elegir que problemas resolver y cómo hacerlo, proceso que es dinámico en el tiempo y determinado por múltiples factores, que genera con frecuentes dilemas entre diversos asuntos u objetivos sociales relevantes y conflictos entre actores. Pero el sentido de “gobernar -su fin y su legitimación fundamental- esta en la res publica, en la cosa pública, en el gobierno de los asuntos públicos. En modo más enfático con frecuencia se habla de bien público, de interés general o colectivo, de felicidad pública” (Donolo, 2012, p 10).

Las prioridades de un gobierno y de una ciudad, se reflejan en la agenda de gobierno que se concreta en múltiples instrumentos políticos, entre los cuales está el plan de desarrollo o de gobierno y el presupuesto. Pero, el tiempo que se le destina a un conjunto de temas, también refleja las prioridades, así como la dedicación de esfuerzos institucionales, exposición mediática y debate público. En la medida que para cada gobierno los recursos económicos, organizacionales, políticos y mediáticos son escasos, se debe dar prioridad a los temas que verdaderamente importan. Es así como lo evidenció Schattschneider al referirse ya en 1960 al proceso de agendación:

Todas las formas de organización política están sesgadas a favor de la explotación de ciertos tipos de conflictos y la superación de otros, pues la organización significa movilización de sesgos. Algunos temas son orgnaizados al interior de la política mientras otros son organizados fuera de ella […]No hay manera más certera de destruir el significado de la política que tratar todos los asuntos como su fueran libres e iguales. La desigualdad de los asuntos simplifica la interpretación de la política. La política adquiere sentido cuando tenemos claras nuestras prioridades. (71-73)

No pareciera ser un dilema permanente en la agenda de los gobiernos: “vida o economía”; sin embargo, con frecuencia se evidencia que la macroeconomía, la estabilidad, el crecimiento y la productividad han logrado determinar en gran medida la agenda de los gobiernos, que el cuidado de la vida humana y el planeta en general. Es así qué mueren seres humanos de hambre en el mundo o en una sociedad, aunque existan alimentos y recursos para resolver este problema; sin decir las causas de las guerras y los impactos en vidas de todas las economías ilegales. A lo cual el Papa Francisco 2013 en Evangelii Gaudium numeral 53, de su exhorta manera muy clara dice:

«Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, “sobrantes”».

Es así como en esta situación de crisis esto no ha sido una excepción, ya que en la medida de no contar con un tratamiento directo para los efectos en la salud del COVID-19, la única solución ha sido el distanciamiento social, que ha puesto en evidencia la disyuntiva de si parar la economía para ir a cuarentena o no hacerlo. En Colombia esta disyuntiva entre estabilidad económica y salud pública ha sido un tema de debate permanente entre el gobierno nacional y el de la ciudad, ya que el gobierno nacional ha tenido como prioridad los efectos económicos de la cuarentena y el gobierno de Bogotá los efectos en la salud pública del contagio, y como Lowi reconoce a “diferentes “tipos” de problemas harán surgir diferentes tipos de política” (Parsons, 1995, p 118).

Ante los problemas económicos el gobierno nacional dando prioridad a la reactivación económica, ha promovido medidas como decretar algunos días libres del impuesto al consumidor, incentivando las compras masivas en establecimientos públicos, lo cual generó grandes aglomeraciones en los almacenes más importantes. De igual manera, inicio a emitir decretos de reactivación de ciertos sectores de la economía para todo el país, lo cual ha tenido un efecto en las grandes ciudades, ya que el uso del transporte público y la compras han hecho aumentar de manera considerable los contagios y por tanto las muertes. Finalmente, las medidas económicas que se han tomado en gran medida se han concentrado en la estabilidad del sector financiero y de los sectores económicos más relevantes y formales.

El gobierno de la ciudad ha sido precavido en las medidas para reactivar la economía, poniendo como prioridad el cuidado de la ciudadanía, las medidas de cuarentena, el distanciamiento y el soporte del sistema de salud para evitar su colapso. A pesar de que el gobierno distrital, en su inicio, tenía como prioridades la movilidad, educación, reducción de la pobreza y género; la emergencia presentada por el Covid puso en el centro de la agenda el cuidado. Así como lo reconoce Toro al decir ya en 2014 que “Dentro del actual contexto global del planeta y de las sociedades, el cuidado es y será el nuevo paradigma ordenador y orientador de la política, la ciencia, la economía, empresa, la estética, la vida cotidiana…” (p,4) retomando igualmente lo ya anunciado por L. Boff:

«Cuando amamos cuidamos y cuando cuidamos amamos. El cuidado constituye la categoría central del nuevo paradigma de civilización que trata de emerger en todo el mundo. El cuidado asume la doble función de prevención de daños futuros y regeneración de daños pasados».

En esta línea, se han tenido que tomar decisiones que afectan directamente la economía en un primer momento, y ante la incapacidad del sistema de la salud de la capital, frente a la situación que se evidenciaba en otros países, se decidió declarar diversas cuarentenas totales y parciales por sectores de la ciudad y se solicitó al gobierno nacional cerrar el aeropuerto y las vías para evitar el incremento de casos de contagio.

Esto ha implicado grandes retos en relación a garantizar las necesidades básicas de la población más vulnerable, para lo cual se han realizado esfuerzos en la identificación de esta población más pobre y la construcción de una estrategia denominada Bogotá Solidaria en Casa para promover el cuidado de los hogares vulnerables, por medio de transferencias monetarias como renta básica para más de 550 mil hogares, distribución de cerca de 1 millón de canastas alimenticias, asignación de 30 mil subsidios para el pago de arriendos y la aplicación de descuentos en el pago de servicios públicos domiciliarios. De igual manera, se ha universalizado el derecho a la salud en la atención a la pandemia de tal manera que todos los que requieran atención puedan acceder sin importar su sistema de aseguramiento sanitario y finalmente se han aplicado subsidios para la cremación de los cadáveres de COVID-19.

La cuarentena ha aumentado drásticamente la violencia intrafamiliar contra las mujeres, por lo tanto, se han habilitado hogares de paso para mujeres y la destinación del subsidio de arriendo para ellas, de tal manera que puedan aislarse de quien las violenta. Las personas pobres han sido mayormente contagiadas y en mayor porcentaje víctimas del virus, esto debido a que los medios por los que generan ingresos los ha llevado a exponerse, tienen mayor hacinamiento en sus viviendas y no tienen los recursos necesarios para el cuidado, siendo necesario prensar mayores alternativas para el distanciamiento.

A pesar de los esfuerzos del gobierno de Bogotá, estas medidas no han sido suficientes para atender a la cantidad de hogares vulnerables que hay en la ciudad, ni de lograr hacerlo de manera oportuna en tiempo y sostenibilidad. Estas medidas reconocen las dificultades que han generado las cuarentenas, pero también hace más evidente la alta vulnerabilidad en la que el actual sistema económico pone a un gran parte de la población, producto de la alta pobreza y desigualdad que prima en el país.

3. Co-governance para superar la crisis

Ante el contexto descrito previamente, gobernar una ciudad de la dimensión de Bogotá y afectada por una pandemia es altamente complejo, aun más cuando se encuentra en la incertidumbre de una crisis, en donde cada decisión es un acto de acupuntura tan delicado, que cada decisión puede activar un nervio o desactivarlo, al punto de determinar reacciones de impacto en el sistema.

Las reformas liberales de Latinoamérica han dado un rol reducido a los gobiernos en la gestión de los asuntos públicos, llevando al desmonte del aparato estatal, con la idea de que son muy costosos, ineficientes y grandes, por lo cual, múltiples de los servicios que prestaba el Estado antes de los 80 se han venido privatizando, como el caso de la salud, educación y la vivienda. Se ha promovió un sistema de gobernanza, que delegó múltiples temas públicos al mercado, suponiendo que sería más eficiente y efectivo.

La situación de emergencia producida por el coronavirus, ha evidenciado el rol importante que ha de jugar la política, el Estado y los gobiernos, en la coordinación y gestión directa de los problemas públicos. La política tiene un rol central en la garantía del bien común, por lo cual no todo puede ser delegado al mercado, a las lógicas de oferta, demanda, eficiencia económica, rentabilidad y capacidad de pago.

A pesar de que en Colombia buena parte de los servicios de salud son prestados por privados, ante la emergencia, el Estado retomó el control de todo el sistema sanitario, para garantizar la atención universal de todos los ciudadanos. Igualmente, definió y facilitó mecanismos de comercialización directa de productos entre campesinos y consumidores de la ciudad, por sistemas gestionados directamente por entidades públicas, para garantizar la seguridad alimentaria y pagos justos a los campesinos.

Adicionalmente, el Estado restringió la libre circulación, así como la libre producción y comercialización, generando controles y condiciones para que empresas pudieran o no iniciar actividades, teniendo un nivel de control sobre el cumplimiento de protocolos de bioseguridad, por parte de las empresas y la ciudadanía.

Sin embargo, es claro que desde el gobierno no se logra responder de manera completamente efectiva a todos los problemas y la población sufre las consecuencias de la pandemia y los costos de la ineficiencia burocrática. A pesar de que el gobierno está monitoreando en tiempo real los efectos, las ayudas llegan con un nivel de retraso, que para quienes están enfrente de la toma de decisiones gubernamentales, resulta ser frustrante.

Aunque por parte del equipo de gobierno, es un sentir diario el dolor de las personas, también se es consciente de la incapacidad que se tiene como gobernantes y como gobierno para resolver dichos problemas. Particularmente, he tenido la oportunidad de encontrarme con la ciudadanía más afectada por la cuarentena, que sale a las calles a protestar porque se encuentran en dificultad para obtener alimentos o pagar un arriendo, soy consciente de la incapacidad del Gobierno para resolver con eficacia y con prontitud tantas necesidades. Y aunque no hemos traído la pandemia, si nos constituimos en los responsables de la ineficiencia para lograr los resultados a pesar de la mejor voluntad política en enfrentar la emergencia. Se ha tenido que asumir una curva de aprendizaje para operar nuevos servicios y funciones por la pandemia, pero en especial el gobierno no contaba con la capacidad operativa para responder, la cual ha tenido que irla adquiriendo en el proceso.

Sin embargo, este modelo de gobierno de emergencia es insostenible política, económica y socialmente, por lo cual ha tomado mayor fuerza la propuesta de gobernanza colaborativa o co-gobernanza. Todos somos corresponsables de nuestro presente y futuro, teniendo como eje la cultura ciudadana, pero que exige el compromiso del sector privado y la academia en coordinación con el Estado. De manera particular, este nuevo modo de gobernar Prats lo describe como “gobierno relacional o en redes de interacción público-privado-civil a lo largo del eje local/global… La naturaleza interactiva, relacional, del nuevo modo de gobernar es conceptuado como “gestión de redes”, con la observación de que el gobierno no es un actor más en la red, dado que es único participante que posee la representatividad y autoridad democrática de su sociedad, pero su incorporación obliga a redes específicas de interés público para tener la capacidad de dirigir hace más complejo su papel directivo, que según las circunstancias tomara el papel de emprendedor, facilitados, mediador, negociador, arbitro del conflicto y formulador de reglas…” (2004, 31).

Es así como se ha promovido una cultura ciudadana del cuidado, entendiendo inicialmente por cultura ciudadana un “trasfondo de sentido que regula los comportamientos del ciudadano, en la medida que establece normas mínimas que hacen posible las relaciones de los ciudadanos entre sí y con su entorno, así como la producción, circulación, reconocimiento, apropiación y recepción de este universo de sentido por parte de ellos, incluyendo los funcionarios ciudadanos” (Barbero, 1987, 227). De manera particular, la cultura ciudadana del cuidado hace referencia al sentido que le doy a la responsabilidad mutua del cuidado, en el que yo soy responsable no solo de si soy contagiado, sino de contagiar a los demás, a nuestros seres queridos, por lo cual debemos auto restringir los encuentros, guardar las distancias, usar los elementos de protección de manera permanente y adecuada, de tal manera que el cuidado depende de la forma como todos y cada uno de los ciudadanos nos comportamos.

En un segundo orden, encontramos la corresponsabilidad entre los diversos gobiernos, el de Bogotá, con el de los municipios cercanos a Bogotá y con el de la nación. Es importante identificar que los partidos que se encuentran en estos gobiernos son de diversas trayectorias y de manera particular entre Bogotá y la nación son contradictores. Entre el gobierno de Bogotá y los gobiernos de las ciudades vecinas ha existido una coordinación efectiva, que ha permitido restringir y controlar la movilidad, universalizar el derecho a la salud y promover el intercambio económico.

Teniendo en consideración la advertencia realizada por Ropelato con respecto a que la Gobernanza “se injerta en la búsqueda de nuevas formas de regulación en red, en condiciones de administrar escenarios políticos cada vez más descentralizados, fragmentados y complejos” (2006, 194). Reconociendo igualmente que en estos momentos de crisis es fundamental la coordinación y armonización de las decisiones, en la práctica este trabajo no ha sido así del todo fácil entre el gobierno local de la ciudad y el gobierno nacional, entre los dos gobiernos se han tomado decisiones que han resultado contradictorias, se ha realizado importantes discusiones en redes sociales y medios de comunicación que no evidencian un dialogo acertado, lo cual ha llevado a cometer importantes errores en el manejo de la crisis. Esto ha demostrado los altos costos de los conflictos políticos resueltos con criterios parciales y no con una visión integral, completa y sobre el bien común.

Finalmente, ha existido una colaboración virtuosa con el sector privado y la academia, ya que, a pesar de los altos costos económicos, los empresarios de la ciudad han sido consientes de la situación en la que se encuentra la ciudad y la presión no ha sido tan fuerte sobre la ciudad. En esta línea de coordinación las empresas han aceptado en gran mayoría las cuarentenas, que la reactivación les exige realizar esfuerzos en aplicar los protocolos de bioseguridad. Adicionalmente varios han asumido los costos de mantener sus trabajadores vinculados aun con las empresas paradas, pero lo que más ha sorprendido ha la ciudad es la solidaridad que han tenido en las importantes donaciones que han realizado para generar la atención de la emergencia hospitalaria y asistencia social.

No siendo esto poco, es de reconocer que la ciudadanía ha mantenido una cultura tributaria responsable, realizando sus pagos de impuestos y contribuyendo a mantener el presupuesto de la ciudad.

En este orden de ideas, la gobernanza liberal no ha sido la que ha permitido sortear la crisis, pero es claro que un modelo de gobernabilidad dependiente únicamente de la capacidad del Estado para resolver todos los problemas resultando insuficiente para la complejidad que desencadenó la pandemia. Es así, como la gobernanza colaborativa es el modelo que permite resultados efectivos, sostenibilidad y corresponsabilidad, de tal forma que todos y cada uno es parte de la solución, aun así, se cuente con la dirección social de un gobierno. Pero es importante que dicho gobierno, genere confianza, legitimidad, dialogo, apertura y respeto por cada uno de los actores, porque de lo contrario se pone en riesgo el gobierno en red.

4. Las personas y las relaciones son la clave

La estrategias o métodos de construcción y promoción del cambio social, históricamente le han dado un gran peso a los factores estructurales e institucionales, por lo tanto, ponen toda la fe en los sistemas y arreglos institucionales, siendo esta una visión particular de economistas, políticos, abogados y burócratas.

Sin embargo, la gestión de esta pandemia ha evidenciado que son las personas y sus relaciones las que determinan el resultado de los gobiernos, ya que depende de la ética y responsabilidad de los decisores, de la intencionalidad de sus decisiones, sus intereses preponderantes y el comportamiento los líderes y de los diversos actores.

Es esto muy evidente en los resultados que se han evidenciado en ciertos países guiados por gobiernos maternales que como lo describe Del Percio en su artículo del 14 de junio del 2020 en el diario el Perfil de argentina, han puesto el cuidado al centro como son Merkel, Ardern, Marin o Tsai, en comparación a los machos compulsivos de Donald Trump o Boris Johnson o Bolsonaro. Es este solo un pequeño indicador de la importancia de las personas que se encuentran en los espacios de decisión y que son altamente responsables de sus acciones. Si cada persona que se encuentra en el gobierno es capaz de sentir el dolor de los que sufren y tomar medidas teniendo en cuenta el último, el más frágil o vulnerable, está tomando decisiones con la medida adecuada ya que si el último se encuentra bien toda la sociedad cuenta con calidad de vida.

Sin embargo, como no solo depende de los líderes sino de todas las personas que hacen parte del gobierno, esta es una tarea difícil, en particular en Bogotá lograr que todos los servidores públicos sientan el dolor de cada persona y busquen las mejores soluciones no es lo habitual. Todo servidor público requiere desarrollar la capacidad de ser empáticos, poder ver a los ojos a un ciudadano con el amor que ve a sus hijos, para actuar en miras a su bienestar, sin llevar a la dependencia sino a la madurez y libertad, pero siempre en dignidad.

No se puede gestar el cambio si quienes gobiernan no logran experimentar el sentimiento de completo abandonado, en todas sus dimensiones y expresiones, del dolor de quien sufre a causa de una injusticia, de quienes perdieron calidad de vida o nunca la han tenido. Si no se logra vivir la experiencia del abandono y vivir así la incapacidad de un Gobierno que tiene dificultades para responder a los retos de cada momento, no hay motivación suficiente para gobernar por el bien común y cooperar socialmente.

Es así que las personas que están atrás de un escritorio decidiendo importan, por lo tanto, no solo es necesario verificar el grado de representatividad de un gobierno o gobernante, sino su integridad, su capacidad de sentir la alteridad y dejarse interpelar sin activar las categorías tradicionales del enemigo. Por ejemplo, callar una protesta social que reclama mejor calidad de vida, por medio del uso de la fuerza policial, es un acto de desconocimiento de la otredad y del dolor de quien está en la calle exigiendo sus derechos. El dialogo social, debe superar la visión de enemistad entre Estado y movimientos sociales, porque un gobierno tiene la responsabilidad no solo de decidir y actuar, sino de escuchar, dialogar y concertar, aún en momentos de crisis.

En Bogotá no hemos logrado resolver todos los dolores, pero en el abrazar con empatía los dolores de la ciudadanía, en el pedir disculpas por la falta de respuestas efectivas, nos ha permitido vivir algo más que ese dolor. Poco a poco algunas comunidades que salían ha protestar producto del dialogo han identificado también las limitaciones del gobierno han comprendido los esfuerzos y han aportado en la solución de los problemas.

Finalmente, es importante igualmente reconocer que los gobernantes también se encuentran bajo alta presión política, mediática, social y judicial, que lleva a altos niveles de estrés, frustración y agotamiento, que exigiría también un grado de reciprocidad de parte de la ciudadanía, pero es evidente que las relaciones interpersonales entre los miembros del gobierno para darse fuerza son fundamentales y con mayor importancia en tiempos de crisis.

Para lo cual hay que identificar nuevas categorías políticas como lo hace Edgar Morin en el texto “Introducción a una política del hombre” al decir que:

«el amor... debe irrigar la meta y el camino de la humanidad en el mundo. Deber retornar al gran manantial misteriosa, cósmico, para iniciar de nuevo su andadura, como un Nilo que fertiliza el trabajo humano. Debe... este deber ser no ha dejado nunca de brotar de la esperanza, de la esperanza humana». (2002, p. 45)

5. Conclusión

En Bogotá, aún con todos estos sufrimientos, a pesar del incremento de los contagios por COVID-19 y de muertes, ha estado en el centro de las decisiones el cuidado de las personas por encima de las consecuencias económicas. Sin embargo, lo más importante es que se ha logrado en parte desinfectar la sociedad del egoísmo y reconocernos corresponsables de cuidarnos los unos a los otros. De reconocer que no son los gobernantes los únicos responsables, somos todos responsables de todos. Todos nos convertimos en políticos en el momento en el que salimos de nosotros mismo, para abrazar el dolor en el otro (persona o pueblo).

Así es que un Gobierno que siente y se hace cargo del sufrimiento de su gente, es capaz de hacer del amor una práctica política cotidiana. Tomar en mano el cuidado de la ciudad, del país, de la humanidad, del planeta, perdiendo todo para ir al encuentro de los otros aun cuando se experimenta la desesperanza.

Para finalizar vale la pena retomar las siguientes palabras de Chiara Lubich el Congreso Europeo “Mil ciudades por Europa” en Innsbruck (Austria), el 9 de noviembre de 2001, que nos pone en un horizonte universal de la política:

«…La idea de la “familia humana” que se hace posible actuando la fraternidad universal. Así abate los muros que separan los “iguales” de los “diferentes”; los amigos de los enemigos; que aíslan una ciudad de otra. Y libera al hombre de las ataduras que lo condicionan, de mil formas de subordinación y de esclavitud, de todo tipo de relación injusta. Realiza así una auténtica revolución existencial, cultural y política».



Bibliografía
  1. Barbero, J. (1987). “Un Nuevo Mapa Cultura”, en Construir ciudadanía desde la cultura, Liliana
  2. Del Percio, E. (2020). Chau, macho: del Estado patriarcal al Estado maternal. https://www.perfil.com/noticias/elobservador/chau-macho-del-estado-patriarcal-al-estado-maternal.phtml?rd=1
  3. Lopez. (2003). Clacso. Santafé de Bogotá
  4. Donolo, C. (2012). L’arte di governare. Donzelli editore. Roma.
  5. Morin, E. (2002). Introducción a una política del hombre. Editorial Gedisa. Barcelona.
  6. Parson, W. (1995). Public policy: An introduction to the Theory and Practice of Policy Analysis. Edward Elgar Publishing Limited.
  7. Prats, J. (2004). De la burocracia al Management y del management a la gobernanza. Instituciones y desarrollo, núm 3.
  8. Ropelato, D. (2006). Notas sobre participación y fraternidad, en el Principio olvidado: la fraternidad. Ciudad Nueva. Buenos Aires.
  9. Schattschneider, EE. (1960) The semisovereing people, Holt, Rinehart y Winston, Nueva York.
  10. Toro, J. ( 2014). El Ethos Que cuida. http://hdl.handle.net/11520/23420

1Cfr. Walter Baier, Franz Kronreif (Eds.), Europe as a Common – Exploring Transversal Social Ethics, volumen I. ISBN: 978-3-643-91298-5

2Asesor de políticas públicas de la Secretaría del Hábitat de la Alcaldía de Bogotá, docente universitario de políticas públicas, director del Observatorio Colombiano de Políticas Públicas y Secretario General del Movimiento Internacional Políticos por la Unidad.

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