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Centro Mariápolis Luminosa

Dolores Redondo

Las instalaciones tienen su importancia, pero más importante aún es que todo en este centro tiene como base el amor recíproco.
De los muchos centros Mariápolis que los Focolares tienen activos por todo el mundo, dos están en España, uno en Castell d’Aro (Girona) y otro a escasos 25 kilómetros de Madrid, en Las Matas, un barrio residencial del municipio de Las Rozas. El primero, que empezó a funcionar en el año 1989, ocupa una tradicional masía rural bien restaurada y tiene por nombre «Loreto». El segundo, de nombre «Luminosa», es un edificio de nueva construcción que fue inaugurado de manera oficial por la misma Chiara Lubich el 6 de diciembre de 2002, si bien ya llevaba en funcionamiento algunos años. Su nombre obedece al recuerdo de una focolarina, Margarita Bavosi, de sobrenombre Luminosa, que fue corresponsable del Movimiento de los Focolares en España entre 1970 y 1983. Luminosa falleció en 1985 dejando tras de sí una estela de luz que sigue siendo de ejemplo para muchas personas, y sus restos descansan en este centro. En enero de 2005 se abrió su causa de beatificación, cuya fase diocesana ya está concluida. Pues bien, de este centro Mariápolis queremos hablar en esta ocasión. Por el «Centro Mariápolis Luminosa» pasan multitud de miembros de los Focolares de todas las edades y de distinta procedencia, así como miembros de otros movimientos y asociaciones. Sin duda las instalaciones tienen su importancia, pues el edificio es amplio, luminoso, bonito y funcional, pero más importante aún es que todo tiene como base la experiencia de amor recíproco vivida por quienes lo sostienen y por quienes participan en las reuniones y congresos que allí se celebran. El edificio se ha ido construyendo por fases. Muchos miembros de los Focolares han colaborado aportando metafóricos ladrillos de cuantía variable, según las posibilidades de cada cual. Ha habido incluso quien se desprendió de joyas de familia o quien se privó de unas vacaciones o de un viaje con el que había soñado, y también quien recibió con sorpresa una pequeña herencia y la donó. Otros, en cambio, han puesto en común su capacidad profesional o su habilidad personal en los ámbitos más variados. Algunos han pasado allí sus vacaciones haciendo las cortinas o quitando la maleza del jardín. ¡Y cómo no recordar a ese grupo de niñas de 6 a 8 años que hicieron bizcochos, los vendieron y donaron lo que habían ganado para comprar un micrófono! Ciertamente no todas las experiencias son conocidas, pero esas “florecillas”, al estilo de las de san Francisco de Asís, lo hacen aún más hermoso. Con la generosidad de todos, el «Centro Mariápolis Luminosa» ha podido alcanzar un buen punto de ejecución, si bien es cierto que aún queda por hacer. Conozcamos de cerca a algunos personajes. Margarita Llabrés, mallorquina, está en este centro Mariápolis desde sus comienzos. Ya jubilada de su último trabajo como administradora de un colegio, hoy puede dedicarse por completo a atender el centro. Así recuerda los comienzos: «No disponíamos de cocina, por lo que nos servimos de un catering que se convirtió en un “apéndice” del centro Mariápolis, por su total disponibilidad y por la relación de amistad que se estableció entre nosotros. Tampoco teníamos habitaciones, por lo que contactamos con las casas de ejercicios de los alrededores con las que hemos establecido una profunda colaboración que ha ido aumentando con los años». «Ahora el centro –prosigue Margarita– está casi terminado. Falta solamente el gran salón de actos, pero si hemos hecho todo lo que hemos hecho, también el salón de actos se hará. “Nuestra casa”, esto es lo que quiere ser el Centro Mariápolis Luminosa, brazos de acogida para cada grupo y persona que llega. No es raro que alguien diga cuando se despide: “El 50% del éxito de nuestro retiro se debe a la casa, a su acogida, a un servicio que sabe prever hasta los mínimos detalles. ¡Cuánta paz! Habéis pensado hasta en una sala de juegos para los niños. ¡Volveremos!”. Y vuelven… Creo poder decir que Jesús en medio de nosotros es la columna portante del Centro Mariápolis Luminosa, por todo el amor verdadero e incondicional que en él se ha metido, y sin duda también por el empeño constante de empezar y volver a empezar cada vez que ese amor decae, tratando de mantener siempre vivo el amor recíproco entre nosotros».

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