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El norte de África

Javier Rubio

Parece que la revolución se está extendiendo por todo el norte de África.
Lo cierto es que corremos el riesgo de generalizar, y las generalizaciones nunca son convenientes. Hay que considerar a cada país individualmente, pues «es un atajo inaceptable –dice Pascual Ferrara, experto en relaciones internacionales– aunar todas estas realidades; es una simplificación que no nos permite entender nada». Varios de estos países tienen en común el hecho de que Europa y Estados Unidos han apoyado a unos regímenes denominados grotescamente como “democraturas”, o sea, una mezcla entre democracia y dictadura. Es decir, «han favorecido –añade Ferrara– la continuidad de sus gobiernos pensando que así se garantizaba la estabilidad, sin preocuparse mucho de los factores de exclusión». En Túnez, por ejemplo, lo que se ha producido es una dramática exclusión económica: Ben Alí y los suyos se enriquecían mientras muchos jóvenes estaban sin trabajo. También se ha producido exclusión social y política. Es el caso de los movimientos de inspiración islámica (no necesariamente islamistas, o sea, violentos), excluidos a priori del panorama político tanto en Egipto como en Túnez, «pero el gran reto –dice Ferrara– es que estas fuerzas sean canalizadas en los procesos democráticos. Por tanto, la Unión Europea necesita mayor apertura hacia esos grupos que renuncian a la violencia y aceptan las reglas de la democracia, pues son fuerzas políticas de referencia». Si en algunos países de Occidente ha habido y hay partidos democristianos, o sea, fuerzas políticas de inspiración religiosa, ¿por qué no pensar en una «democracia islámica, que no islamista, religiosamente inspirada pero sin fundamentalismo». El mejor ejemplo es el caso turco del AKP. Es difícil prever qué va a pasar. Al parecer Europa no se esperaba estas revueltas y sus politólogos no saben bien cómo interpretarlas, están desorientados. «Cuando la historia corre de esta forma –añade Ferrara–, no hay previsiones posibles. ¿Quién podía prever la caída del muro de Berlín? ¿O la revolución de Irán? Cuando la historia tiene estas aceleraciones es difícil prever qué dirección va a tomar». Esta oleada está provocando un efecto dominó que ya ha cruzado todo el norte del continente. Deseemos y recemos para que la represión de las manifestaciones populares no se cobre más víctimas, como está ocurriendo en Libia.

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