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Una historia que contar - Nuestro granito de arena

Ana Moreno Marín


Yaiza es una leonesa de ojos pequeños y gran sonrisa. Como todos sus compañeros se licenció en Filología Hipánica en 2006, pero con la particularidad de haber sido la mejor de su promoción. Es algo tímida y amante del teatro del Siglo de Oro, sobre el que está haciendo su doctorado. Cuando hablas con ella, se muestra de una extraordinaria normalidad. Ahora bien, un premio extraordinario no es un premio cualquiera, y menos aún una lotería; detrás de él se esconde un trabajo duro. Así que le pregunto: ¿Cómo han sido estos años de carrera? «Creo –dice– que parecidos en muchos aspectos al resto de mis años de estudio. Ha habido de todo: momentos de mayor estrés, la mayoría, y momentos más relajados. La constante ha sido el trabajo». Vamos más a fondo: tiene que ser emocionante que te reconozcan todo el trabajo de cinco años. «Es un orgullo, claro –reconoce–, pero también una responsabilidad. Para mí, que soy muy exigente conmigo misma, implica también saber estar a la altura. Y muchas veces tengo la sensación de que me queda tanto por aprender...» A pesar del honor que supone el reconocimiento de un gran esfuerzo diario (porque habrá tenido que esforzarse en cada pequeño detalle), me da la impresión de que lo ha acogido con mucha humildad. Le pregunto de dónde viene esa humildad y responde que quizás del hecho de saber que aún le queda mucho por aprender. Y sonriendo, añade: «Se me ocurren unos cuantos argumentos más, pero corro el riesgo de enrollarme como las persianas». Hoy, en el mundo universitario, parece que los jóvenes no se involucran con la carrera hasta el punto de querer dar lo máximo de sí mismos; más bien parece que prefieren ir aprobando, aunque sea raspando, y pegarse la “vidorraâ€, ¿no te parece? «Desgraciadamente, así es –dice Yaiza–. Yo no sé si es que la sociedad no ha sabido transmitir la idea de la responsabilidad y el esfuerzo como un valor positivo, sino que lo ha presentado como algo que hay que evitar a toda costa y de lo que hay que sentirse avergonzado. ¿Por qué se presume hoy en día de “haberse puesto ciego de alcohol†y no se puede presumir de haber estudiado durante toda la tarde? Yo creo que si queremos construir un mundo mejor con todo eso que suena tan bien como la paz, la solidaridad, la igualdad, la justicia, etc., tenemos que empezar por asumir, en primer lugar, nuestras responsabilidades. ¡Y sentirnos orgullosos de asumirlas! Porque ése es nuestro granito de arena». ¿Por qué dar lo máximo de ti misma, Yaiza? «Creo que... ¡por costumbre! Bueno, y además es mejor dar el máximo que el mínimo, ¿no? Es lo que nos gustaría que hicieran los demás con nosotros». Un último detalle, quizás el que más me ha impresionado de toda esta conversación, fue su respuesta al comentario de que habría sido agotador, pero le había merecido la pena: «Lo que importa de verdad es el Premio de Fin de Vida, el Cielo. Ése es el objetivo principal, el que da sentido al resto de objetivos en la vida. La búsqueda del Cielo no es ni más ni menos que la búsqueda de la Felicidad. Es caer en la cuenta cada día de que estamos aquí para querer a los demás, para repartir y recibir amor. Si olvidamos eso, ni todos los premios del mundo colmarán nuestro vacío interior». Ana Moreno Marín



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