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Como las fiestas del pueblo

Javier Rubio

Cada año la mariápolis propone a sus participantes el reto de encontrar el punto de equilibrio para que su amor al prójimo no lo avasalle, ni lo desborde, ni lo suplante.
De camino a Huesca el 1 de agosto, me viene a la mente que lo habitual en la celebración de eventos cíclicos es numerarlos: congresos, muestras, ferias, olimpiadas… ¿Por qué las mariápolis no? De ser así deberíamos estar por la cuadragésimo quinta o cuadragésimo sexta, no lo sé bien. Pero también hay citas cíclicas que no requieren numeración, como las fiestas patronales: son todos los años en determinada fecha. Ya en Huesca, un ángel (en realidad María Ángeles, una zamorana intuitiva) me comenta que suele venir a la mariápolis porque, si no, sería como faltar a las fiestas del pueblo. ¡Vaya! Por cierto, el 10 de agosto Huesca celebra sus fiestas patronales en honor a san Lorenzo. Ya saben, aquel del que se cuenta que fue martirizado asándolo en una parrilla. Así lo explica san Ambrosio de Milán en De officiis, y el poeta Prudencio en su obra Peristephanon. Gonzalo de Berceo, poeta castellano del siglo XIII, recogería esa tradición en un largo poema que acaba con estos versos: “Pensaz”, dice Laurencio, “tornar del otro cabo, / buscat buena pebrada ca asaz so asado, / pensat de almorzar ca habedes lazdrado; / fijos, Dios vos perdone, ca feches grand pecado. / Diéstesme yantar buena, ficiésteme buen lecho, / gradézcovoslo mucho e fago grand derecho, / non vos querrié peor por esti vuestro fecho, / nin terrié otra saña, nin vos habrié despecho». De aquí debe venir, supongo, el atribuirle al mártir la legendaria frase: “dadme la vuelta, que por este lado ya estoy hecho”. La mariápolis, que se viene realizando en España desde 1964 (en todo el mundo este año han sido más de cien –http://www.focolare.org/mariapolis–), ha experimentado en los últimos años cambios de formato para adaptarse al público que asiste. Pero ¿de qué gente estamos hablando? Según el estudio de uno de los organizadores habituales sobre los datos de los últimos seis años, casi el 34% de los participantes tiene menos de 30 años, y más del 24% son menores de edad, que necesariamente van acompañados por sus padres. Los padres probablemente se sitúan en la franja entre los 31 y los 50 años, que son algo más del 30% de los participantes. Es decir, estamos ante un muestreo típicamente familiar en el que no faltan los abuelos, ya que los mayores de 60 años son casi el 20%. O sea, como en las fiestas patronales. Años atrás la mariápolis solía tener sede fija, o casi. Ahora, por un afán dialogante de exagerada configuración (si Mahoma no va a la montaña...) se organiza cada año en un lugar distinto (Valladolid, Potes, Teruel, Cazorla, Loyola, Cuenca), hecho que provoca no pocas incidencias, digamos técnicas. No hablemos de ellas, que no está bien denigrar a los organizadores. Para muestra un botón: si eres alto y pesas cien kilos, puede que te asignen una cama de 80 para dormir, y que en la ducha no te pongan toalla de baño, sino de manos. No es que te falte tela, es que te sobra cuerpo...

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