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Sacerdotes hoy

Francisco T. Tomás

15.000 sacerdotes acudieron a Roma para los actos de clausura del Año Sacerdotal.
En la Ciudad Eterna no es infrecuente encontrarse con sacerdotes, pero del 9 al 11 de junio eran mucho más numerosos de lo habitual, tanto que turistas y ciudadanos paraban a alguno y le preguntaban con admiración: «¿¡Qué pasa!? ¿Hay algún evento?». En cualquier terraza o heladería había un grupito de sacerdotes, en algunos casos con su obispo que los invitaba, en un clima de armonía y alegría. O se cruzaba un grupo con otro y, como quien pasea por su pueblo, se paraban amigablemente, sobre todo si alguno se conocía. Era la clausura del Año Sacerdotal, que Benedicto XVI convocó en marzo de 2009 para que iniciara en junio de ese mismo año, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, y finalizara en la misma fiesta de 2010. También proclamó a san Juan Bautista María Vianney, el Cura de Ars (150 aniversario de su muerte), patrón de todos los sacerdotes del mundo, que ya lo era de los párrocos. Las previsiones quedaron desbordadas: 15.000 sacerdotes de los cinco continentes, decenas de obispos incluidos, participaron en diversos actos, cuyo culmen fue una gran concelebración en la Plaza de San Pedro la mañana del 11 de junio. En 1982 L’Osservatore Romano, diario de la Santa Sede, calificó un encuentro de sacerdotes y religiosos promovido por los Focolares en el Aula Pablo VI del Vaticano como «la mayor concelebración desde la institución de la Eucaristía». Eran más de 7.000. Ahora quedaba superado. La noche anterior hubo una vigilia de testimonios y oración. Un seminarista habló de su vocación, una familia alemana con seis hijos (un sacerdote, un seminarista, una religiosa, una consagrada y dos casados)... y una conexión en vídeo con Ars y con Jerusalén. Emocionante la llegada del Papa en el vehículo con techo panorámico. Cinco preguntas al Papa, planteadas por un sacerdote de cada continente: el exceso de trabajo de los sacerdotes, el estudio y la formación, la crisis de vocaciones, el clericalismo y el celibato. La sabiduría del Papa teólogo (¡y místico!) hecha sencillez respondía con calma a cada una, dejando a un lado los papeles y hablando con el corazón de padre y hermano mayor, arrancando aplausos.

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