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Líderes religiosos y G8

Javier Rubio

Hace ya unos años tomó cuerpo la iniciativa, promovida a distintos niveles y por distintas instancias, de reunir a representantes de las distintas religiones para abordar y discutir sobre los problemas del momento...
Hace ya unos años tomó cuerpo la iniciativa, promovida a distintos niveles y por distintas instancias, de reunir a representantes de las distintas religiones para abordar y discutir sobre los problemas del momento con el fin de presentar propuestas de carácter ético, ambiental, sobre la seguridad y sobre la paz. La intención subyacente de estas reuniones es la de interpelar a los grandes del planeta, el G8/G20, para que presten mayor atención a los pueblos más vulnerables y menos desarrollados del mundo, conscientes de que los políticos afrontan tales problemas de otra manera. El año pasado, además, esa reunión se hizo coincidir con la cumbre del G8 que tuvo lugar en Roma y en L’Aquila. Y este año, como la cumbre del G8 se llevaba a cabo cerca de Toronto a finales de junio, los líderes religiosos se reunieron unos días antes en Winnipeg (Canadá). Con la Universidad de Winnipeg como escenario, donde se ha constituido una “fraternidad interreligiosa” de la que forman parte distintos grupos, y entre ellos el «G8 Research Group», que es el principal ámbito de investigación académica sobre el G8 existente en el mundo, el Consejo Canadiense de las Iglesias convocó, del 21 al 23 de junio, a líderes religiosos de todo el mundo. En la agenda de trabajo figuraba la revisión de los Objetivos del Milenio para el Desarrollo, que la ONU propuso al empezar el nuevo milenio y que aún estamos lejos de haber alcanzado. También se habló del clima, en vistas a la conferencia mundial sobre el tema que se llevará a cabo en septiembre en Méjico. Obviamente, la comunidades de los distintos credos religiosos tienen en común, estén en la parte del mundo que estén, los mismos problemas en lo que se refiere a la pobreza, el hambre, la paz y el medio ambiente, pues éstas siguen siendo las cuestiones cruciales en cualquier latitud. No le han faltado críticas a estas reuniones de líderes religiosos, y sobre todo se cuestiona si es oportuno darles una secuencia anual. Muchas de esas críticas señalan además que no dejan de ser uno de los tantos foros que llenan el mundo de palabras y nada más. No obstante, no se puede negar que, produzca o no unos resultados inmediatos, las ocasiones como ésta de Winnipeg permiten que personas de distintas culturas y religiones profundicen en sus relaciones de conocimiento y amistad recíprocos, y ésta es una clave, entre otras cosas, para que el hecho religioso encuentre su justo lugar en el panorama de las posibles soluciones que se pueden ofrecer a los problemas del mundo.

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