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Semana Mundo Unido

Tünde Lisztovszki y Magyar Kurír (Ana Moreno Marín)

«Los jóvenes son el futuro, pero también el presente»
Unas preguntas a María Guaita y Andrew Camilleri, responsables del movimiento internacional Jóvenes por un Mundo Unido, con motivo de su participación en la celebración de la Semana Mundo Unido (SMU) en Esztergom y Stúrovo, dos ciudades separadas por el Danubio y unidas por un puente, la primera en Hungría y la segunda en Eslovaquia. Los jóvenes allí reunidos fueron los encargados de llevar a cabo la conexión mundial del 1 de mayo, día que comenzó la SMU. A lo largo de la semana se han sucedido actividades en todo el mundo, también en España, para difundir la cultura de la fraternidad universal. –¿Por qué habéis participado en la SMU de estos dos países? –Andrew: Este evento es muy especial para nosotros. Nos invitaron ellos a venir. Son jóvenes de todo tipo: algunos católicos, otros de otras denominaciones cristiana, otros sin una fe determinada, que creen en los valores más altos de la humanidad. Han venido aquí para dar testimonio juntos con una jornada para ellos histórica, porque conviven juntos eslovacos y húngaros. Es verdad que es algo contracorriente. Llevamos aquí pocos días, pero lo suficiente para entender que ha habido fricciones tanto en el pasado como recientemente. Los jóvenes tienen grandes ideales, son muy sensibles a los dolores de la sociedad, y en este caso concreto húngaros y eslovacos han puesto el dedo en la llaga, en lo que consideran muy importante para lograr un futuro mejor. Con esta jornada han querido dar una señal de esperanza, de fraternidad. Muchas veces la solidaridad, la tolerancia, el aceptar al otro, no basta... Ellos han querido entrar en la piel del otro, entender su forma de ver las cosas, sus ideas, para entenderse más profundamente y ser verdaderos hermanos. ¡Precisamente ése es el objetivo de la SMU! Y es que muchas veces oímos decir que los jóvenes son el futuro, cierto, pero también el presente. –María: Sí, la idea ha sido suya. Querían vivir esta experiencia de fraternidad. Y nosotros, que venimos de fuera, hemos visto precisamente el amor recíproco entre ellos, y esto es ya mundo unido. No es sólo la posibilidad, la esperanza de un mundo mejor. Es una semilla real. Es verdad que tendrá que crecer, pero ya es presente. –¿Cómo definiríais vuestro trabajo? –Andrew: Como adultos queremos estar a su lado, ayudarles a realizar lo que piensan y tienen en el corazón, porque lo que se construye hoy es lo que se encontrará mañana. Intentamos dar solidez. Siempre queremos subrayar este espíritu de servicio, que quiere decir no hacer lo que tenemos en la cabeza o que ya hemos experimentado que funciona. No; es descubrirlo con ellos, poniendo como base el amor recíproco. Compartir cómo ven las cosas y ayudarlos, darles continuidad, apoyo. –La SMU es un evento anual que se repite desde hace años. ¿Marca la vida posterior de estos jóvenes? –María: Sí, si se vive de verdad. Ahora son jóvenes, mañana adultos, pero es una experiencia que no se puede borrar. Los jóvenes que creen que la fraternidad es posible, lo dan todo para lograrlo, dan su inteligencia, su creatividad... Sobre todo, y lo hemos visto con estos jóvenes, están dispuestos a ver la historia pasada como posibilidad de amarse más, no como oposición entre pueblos. –Andrew: Los jóvenes son siempre radicales, totalitarios. Percibimos que cuando hacen una experiencia fuerte, llegan a tocar la cruz, a sentir la muerte de uno mismo para amar al otro. Esa experiencia no se olvida. Lo llevas dentro y fructifica. Aquí llevamos cinco días y podemos testimoniar que estos jóvenes húngaros y eslovacos lo han experimentado. Y si han dado este paso, el futuro está garantizado. EL RETO DE LA CONVIVENCIA El principal contencioso entre Hungría y Eslovaquia es la presencia de una significativa minoría húngara en su vecino del norte debido al rediseño de las fronteras tras las guerras mundiales y a la caída de la URSS. Actualmente alrededor de tres millones de húngaros viven fuera de su país. Las comunidades más numerosas se encuentran en Eslovaquia, Serbia y Rumanía. En Eslovaquia, que hace tiempo formó parte de la Gran Hungría, la minoría húngara está protegida por la Constitución; de hecho, está representada en el parlamento por su propio partido, el SMK, aunque hay quien no acepta su presencia. El reto, todavía hoy, sigue siendo la convivencia. A. M. M.


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