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¿Jueces progresistas y jueces conservadores?

Maximiliano Domínguez*

La mayor parte de los ciudadanos hace esta distinción, pero no es acertada.
¿Es acertada la distinción entre jueces progresistas y jueces conservadores? La mayoría cree que sí, pero me van a permitir que, en cuanto conocedor de la justicia por dentro, disienta de la mayoría. En primer lugar, no todos los que se incardinan en uno u otro grupo actúan de forma homogénea, como se supone deberían hacerlo. Es más, a la mayoría no es posible catalogarlos, porque resuelven unas veces como progresistas y otras como conservadores, según les exige el signo de la ley que aplican. En verdad podemos decir que todos somos, a la vez, progresistas y conservadores, porque todos queremos que progrese el bien y no el mal y conservar el bien y no el mal. Lo que sucede es que no todos tenemos la misma idea del bien y del mal. Pongo un ejemplo de mucha actualidad: la vida de los seres humanos. Todos consideramos que es el mayor bien, sin embargo unos la defendemos siempre, mientras otros, al mismo tiempo que defienden la abolición de la pena de muerte, aun por crímenes abominables, porque «nadie tiene derecho a quitar la vida a un ser humano», también con el mismo entusiasmo aprueban leyes que posibilitan la muerte impune de miles de niños en el seno materno, con el consentimiento de sus propias madres y la colaboración de profesionales, que en muchos casos lo hacen porque se trata de un pingüe negocio. Ahora bien, ¿qué culpa tiene el hijo de los posibles errores de los padres? ¿Cómo puede considerarse progreso lo que es un claro retroceso a horrendas situaciones de sociedades primitivas, felizmente superadas? El derecho de una madre gestante no puede consistir en matar al hijo de sus entrañas. Eso es una monstruosidad. Más bien debe comprender todo tipo de ayudas psicológicas y materiales que le permitan superar los problemas que impiden llevar a feliz término su embarazo. Si después de todo no quiere o no puede hacerse cargo del bebé, siempre podrá cederlo en adopción. Así habrá salvado la vida de su hijo, hará feliz a alguno de los miles de matrimonios sin hijos que aguardan desesperadamente esta oportunidad y además habrá contribuido a paliar el grave problema demográfico del envejecimiento de la población.

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