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Solidaridad en aumento

Javier Rubio

Ayudas de todo el mundo y toda la isla se activa, sobre todo Santo Domingo, pero también Haití.
El interés mediático ha cedido, pero gracias a Dios la gente de la isla no está sola. Muchas personas quieren ofrecer su ayuda, y no sólo económica. Y llega desde el otro lado del océano, pero también de la República Dominicana. Al principio cerró sus fronteras por temor a una oleada de refugiados, pero luego brotó un inesperado manantial de solidaridad. La frontera ahora deja pasar en una dirección a los dominicanos que quieren ir a echar una mano, y en la otra a los haitianos que buscan atención hospitalaria. Muchos aviones cargados de alimentos, medicinas, instrumental sanitario y personal especializado aterrizan en Santo Domingo. Los mismos medios de comunicación locales animan a la gente a ayudar; de hecho, muchos jóvenes se han sumado a los equipos de socorro, y en los puntos de distribución de alimentos se pueden ver largas filas de gente que va a descargar, no a recoger. En Haití la desesperación ha dado paso al compartir. Los primeros días podías llegar a dejarte la piel mientras tratabas de conseguir algo de comer, luego el hambre empezó a ser combatida compartiendo lo poco que tienes. El New York Times recogía la historia de un niño que había conseguido un plato de judías y lo conservó para compartirlo con sus hermanitos. Cualquier cosa ha de ser compartida; la solidaridad entre los pobres está haciendo resurgir la vida en la isla. El Movimiento de los Focolares, al igual que otras asociaciones no gubernamentales, activó algunas cuentas corrientes donde depositar ayudas económicas. Hace unos años en Mount-Organisé, al norte del país, se inició la construcción de viviendas para veinte familias, proyecto enmarcado en el programa «Una familia, una casa». Ahora la coyuntura aconseja salir al paso de necesidades más urgentes: «Cuidaremos nosotros de estas familias, aunque nuestros recursos son escasos», dice Wilfrid Joachin, coordinador del proyecto, consciente de que dependen mucho de la ayuda del exterior. En la medida de las posibilidades, toda la familia del Movimiento se vuelca con los haitianos. La presidenta, María Voce, envió en su momento un mensaje de solidaridad: «Estamos con vosotros y seguimos las noticias continuamente. Quisiéramos que todos sintierais de verdad a la familia de los Focolares rezando unida y viviendo con vosotros el dolor. Esperamos que pronto lleguen esas ayudas tan necesarias. Le pedimos a María que haga fructificar al máximo esta prueba en una mayor invasión de amor en el mundo». Pero ha sido especialmente significativa la adhesión de gente que, como los haitianos, se han visto afectados por un terremoto: «Queridos hermanos y hermanas de Haití, quizás pocas personas puedan entender como nosotros lo que estáis viviendo, y saber cuánto sufrimiento físico, moral y psíquico estáis afrontando. Estad seguros de que nosotros, la comunidad de los Abruzos, estamos cerca de vosotros con la oración incesante, para que el Padre os consuele. No os dejaremos solos en vuestras necesidades y os ayudaremos a mirar hacia un futuro más sereno».

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