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articulo

EDUCACIÓN

Jesús García

Manejar las frustraciones
Cuando concluimos aquella rutinaria entrevista, la tutora de una de mis hijas me confesó que una de sus preocupaciones era que gran parte de sus alumnos (de 12 años) manifestaban en mayor o menor medida escasa resistencia a las frustraciones. Muchos chicos y chicas no han desarrollado la capacidad, según su edad, de asumir contrariedades, metas o deseos que no logran alcanzar al primer intento. Ante una prueba no superada, un ejercicio no comprendido, un conflicto entre compañeros, una sugerencia crítica por parte del profesor, etc. muchos alumnos se desaniman y reaccionan de modo “desequilibrado”, con modales inadecuados o irrespetuosos, enfados exagerados, llantinas o incluso rabietas inapropiadas a su edad. Antes de seguir, algo importante. El ser humano crece con el cariño y con la seguridad que le aportan las personas que lo quieren; pero igualmente necesita que le ayuden a desarrollar la capacidad de encajar eventos que suponen un sufrimiento sin perder de forma patológica el equilibrio emocional y, sobre todo, sabiendo recuperarse del golpe lo antes posible. Los expertos hablan de esta capacidad como algo “imprescindible para poder vivir, y debe ser aprendida a través de la educación”. En el fondo, hacen referencia a virtudes como la perseverancia, la paciencia, la templanza o la tenacidad. Evidentemente, nuestra misión como padres y educadores es ayudar (poner los medios, suministrar recursos) para que crezcan, es facilitar el aprendizaje, nunca dificultarlo. Muchos crecimos bajo el “prestigio” del lema “la letra con sangre entra”. No, con sangre no entra nada. Ahora bien, en el largo camino del aprendizaje hay valles y llanuras, pero también túneles, cuestas y momentos en los que aparecen dificultades que no entendemos. Por supuesto, los padres y educadores no las vamos a provocar, pero cuando aparecen tenemos la obligación moral de ayudar a nuestros hijos a que aguanten y soporten con paciencia y respeto la situación. En resumen, no se trata tanto de “evitar” las frustraciones (cosa ingenua por otra parte) cuanto de ayudar a convivir con ellas y resolverlas si es posible. ¿Cómo? –De entrada, los largos discursos moralizantes sobre la paciencia o la perseverancia sirven de poco. Es preferible una frase corta y concreta que todo un tratado de moral sobre la tenacidad.

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