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Revista enero - 2010
>
Palabra y vida
> Como un faro en mi noche
Como un faro en mi noche
Sebastián Minot
HabÃa abusado de mi amistad, pero no podÃa dejarlo en aquel estado.
Vino a verme desde Zurich, pidiendo disculpas por no haberse anunciado. QuerÃa enseñarme su coche nuevo. Cuando me dijo a qué hora habÃa salido, me di perfecta cuenta de que habÃa conducido como un loco. Los coches siempre habÃan sido su pasión. Me alegré de verlo tan bien vestido y me pareció que gozaba de buena salud, incluso parecÃa más joven que cuando lo conocà tres años antes. Se le veÃa sereno y feliz. Me dijo que lo acompañara al coche. Lo abrió y puso un CD. Era uno que yo le habÃa regalado. Esa música me trasladó a aquella vez en que me lo encontré dando vueltas por el campus de la universidad... Me habÃa pedido un cigarrillo, pero como yo no fumaba, le propuse ir al bar. Se tomó un café con leche y devoró dos bollos. HacÃa una semana que no comÃa nada y estaba extrañamente pálido. Me pidió mi dirección y se la di, quizás porque en mi estilo de vida figura eso de ayudar a los demás. Después nos vimos más veces, y ésos son los capÃtulos de una historia que ahora Ric revivÃa al contármela. Era hijo único de una pareja feliz y tuvo una infancia sin privaciones. No le fue muy bien con los estudios y acabó trabajando en el bar de un amigo de sus padres. Como lo hacÃa bien, el bar terminó siendo suyo. Allà trabajaba también una chica, que al final fue su mujer, pero como era muy guapa, resultó una fácil acompañante para esos clientes que pagan bien. Ric se sintió traicionado y empezó a beber más de la cuenta. Luego alguna pelea violenta y ella desapareció de la circulación. Droga, denuncias, suspensión de la actividad, juicios... Dejó Suiza porque se lo recomendaron. Alguien le habÃa soplado en la oreja que por aquà le irÃa mejor, pues tenÃa un buen fÃsico. Lentamente se fue bebiendo el dinero, y luego la ropa y el coche. Salir del pozo no iba a ser fácil, aunque el negocio de la droga prometÃa grandes ganancias.
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