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Lo que quieras... pero monja, no

Isabel Montes

Mi historia comenzó hace unos años. Soy Isa y tengo 20 años.
Vengo de una familia numerosa, que me ha educado siempre en valores cristianos y a través de la cual he recibido la fe. Siempre se me ha educado sabiendo que la felicidad la consigues haciendo la voluntad de Dios, pero no siempre es fácil aceptarla... Mi hermana mayor entró en el convento de las clarisas de Lerma hace nueve años. Desde que conocí el convento, ¡empecé a rezar para no ser monja! No sabía muy bien por qué, pero me acostaba todas las noches y decía: «Jesús, lo que quieras... pero monja, no». Y así continué mi vida. Unas veces mi grito era más fuerte y otras veces más débil, pero siempre estaba ahí. Cuando en casa decían que íbamos a ver a mi hermana, yo decía que tenía que estudiar y evitaba ir a verla. No quería porque al entrar en el locutorio, el corazón me palpitaba a 100 por hora, y cuando entraba otra clarisa, me quedaba sin palabras, me gustaba demasiado… A fin de cuentas yo allí era feliz y eso me preocupaba. El año pasado fui por primera vez sola a ver a mi hermana y le conté que no era capaz de decir «sí» al Señor por miedo a lo que me fuera a pedir. ¿Miedo? Sí, sabía lo que él quería de mí y no quería verlo. Mi hermana me dijo que decir “sí» es hacer su voluntad, y eso no significa que tengas que ser cura o monja, y me puso el caso de otra hermana nuestra que al decir su «sí», el Señor le puso en su camino al hombre con el que ahora está felizmente casada. ¿Entonces? ¿Por qué yo no era capaz de decir que sí? Le dije que lo intentaría, pero no lo logré…

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