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17 de octubre: Con ánimo de defender

Javier Rubio

Si un mérito cabe atribuirle a esta manifestación, es el de haber aunado en un frente común a toda esa gente que cree en la vida. Ha sido el primer paso.
La manifestación del 17 de octubre en Madrid había sido convocada en «defensa de la vida, la mujer y la maternidad». ¿Se puede no estar de acuerdo con ello? Claro, que todo lema esconde mucha semántica, por eso se estudian detenidamente antes de formularlos. Pero éste es muy simple: el acento va en el primer sustantivo, «defensa», porque los convocantes entienden que los otros tres están amenazados. Y defender la vida es una actitud que siempre hemos apoyado desde estas páginas. Antes de toda manifestación la gran duda versa sobre su éxito, y éste generalmente se vincula a la afluencia de manifestantes, y éstos se resumen en una cifra que, según qué manifestación, queda sometida a una dialéctica sin solución. Como dice Antonio, un observador con sentido común, es curioso que sólo se cuestione la cifra de ciertas manifestaciones. En fin, esta vez dicen que acudió millón y medio o más de personas. Dado que lo cuantitativo a posteriori siempre será relativizado, al menos lo cualitativo a priori no hay por qué tocarlo. Quiero decir que detrás de las más de cuarenta entidades que firmaban la convocatoria debe de haber un buen chorro de gente que comparte alguna de las motivaciones (la semántica escondida); es decir, decirle al Gobierno que no todo el mundo está de acuerdo con despenalizar totalmente la práctica del aborto, y menos aún reconocerlo como un derecho. Y más cosas. Figuraba entre los convocantes la Asociación Nacional para la Defensa de la Objeción de Conciencia (ANDOC), formada por profesionales de la sanidad (farmacéuticos, médicos, enfermeras y enfermeros, etc.) cuya finalidad, «dentro del marco de la libertad ideológica y de conciencia», es fijar «criterios que permitan clarificar y definir la situación jurídica, derechos y obligaciones de facultativos, farmacéuticos, personal sanitario y de las propias instituciones integradas en el Sistema Nacional de Salud». Se entiende que no estén de acuerdo con que la nueva ley imponga con carácter obligatorio una forma de entender el asunto con la que no están de acuerdo. ¿Cómo van a intervenir en un aborto, cuando lo consideran un asesinato? Otra categoría de profesionales, adscritos a la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), una asociación patronal fundada en 1977 que representa a «todo tipo de empresas educativas, de titularidad religiosa y seglar, de todos los niveles educativos y de todo tipo de enseñanzas» también convocaban a manifestarse. Así como la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (CONCAPA), un organismo que se remonta a 1929, que participa en distintos organismos nacionales e internacionales y que procura «lograr que sus hijos reciban, en la vida escolar, una formación acorde con sus propias creencias y convicciones». Es evidente que estos padres aboguen por «una pedagogía de la Cultura de la Vida que reconozca y valore la dignidad del ser humano desde el momento de la fecundación hasta la muerte natural, y que enmarque la sexualidad humana en un ámbito de amor, respeto, responsabilidad y apertura a la vida; y como consecuencia de ello, que informe de las consecuencias reales del aborto, tanto para la mujer como para el niño» (punto 5 del manifiesto). Y por lo mismo también debía estar la Confederación de Padres de Alumnos (COFAPA), que defiende «los derechos y libertades que tienen los padres en la educación de sus hijos», en base al principio constitucional sobre el derecho a la educación en libertad. Ciertamente no pueden estar de acuerdo con que una menor decida abortar sin que sus padres lo sepan.

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