logoIntroduzca su email y recibirá un mensaje de recuperación de su contraseña






                    




articulo

El tifón Ketsana: Como el diluvio, pero real

José Aranas (New City, Filipinas)

Los eventos trágicos y el peligro de morir suscitan una oleada de solidaridad entre amigos y desconocidos, una corriente de afecto que se expresa por todos los medios.
El temor y el nerviosismo que muchos filipinos sintieron ante lo que se acercaba dieron paso a la angustia y al pánico cuando el tifón Ketsana alcanzó la costa este de la isla de Luzón el 26 de septiembre pasado. Dos horas después, la práctica totalidad del área metropolitana de Manila quedaba inundada, así como parte de las provincias vecinas. Las escenas de destrucción que el tifón dejó nada tenían que envidiar al relato bíblico del diluvio universal o a las apocalípticas imágenes de películas como “Armageddon” o “Deep Impact”. Sólo que éstas eran reales, muy reales, y estaban aderezadas de heroísmo igualmente real, como ese soldado que, después de rescatar a veinte personas que residían cerca de un lago, pereció arrastrado por la corriente; o ese obrero de 18 años que salvó a treinta personas, incluidas una madre y su bebé, y acabó aplastado por un árbol cuando trataba de salvar a una persona más. Las imágenes de devastación, desolación y muerte abundaban en esos días: árboles, coches y casas arrastrados por las aguas, gente atrapada en puentes y pasos elevados… El tifón Ketsana pilló a todos desprevenidos. Las autoridades se vieron impotentes y poco preparadas para afrontar las tareas de rescate. Se culpa al cambio climático de esta tragedia y a la falta de planificación ante este tipo de situaciones, aunque ya en los años 70 muchos expertos las habían previsto. Quizás la furia de la naturaleza habría podido contenerse si los responsables de urbanismo hubieran tenido en cuenta las recomendaciones de los expertos a la hora de planificar correctamente los diques y los cauces de agua. Pero como postulaba Isaac Newton, toda acción suscita siempre una reacción igual y contraria. En este caso, la tragedia ha provocado reacciones nobles. Habría sido como para desesperarse de no haber sido por los mensajes de esperanza que lanzaban muchas personas que ofrecían tiempo, comida y dinero para ayudar a los más afectados por esta catástrofe. En las primeras semanas después del desastre, por ejemplo, Lito Bulan, coordinador del proyecto “Glimpse of Hope” (Atisbo de esperanza) del Movimiento de los Focolares, que construye casas para familias necesitadas, y sus amigos proporcionaron alimentos a unas dos mil personas afectadas por las inundaciones en las inmediaciones del solar del proyecto en Quezon City (Manila). Lito fue uno de los primeros en acudir al lugar: «La primera persona con la que hablé fue una anciana con la ropa cubierta de barro. Mientras nos contaba que las aguas se habían llevado su casa, rompió a llorar». «¿Dónde están sus familiares?», le pregunta Lito. «Están todos aquí», responde la anciana mientras sigue llorando. Lito la abraza y trata de animarla: «No perdamos la esperanza»; y le entrega un bidón de agua y una bolsa de comida. «Había un niño de cuatro años señalando un espacio libre –continúa Lito– y diciendo que su casa estaba allí antes de que la arrastraran las aguas. Cuando le dimos un bote de leche, se agarró a él y ya no lo quería soltar. Le pregunté dónde estaba su padre y señaló a un hombre que estaba cogiendo agua de una cisterna». «¿Y tu madre?». «Se la llevó el agua». El gobierno ha limitado el incremento de precios de los artículos de primera necesidad y facilitará la obtención de créditos; empresas como Toyota y Kia ofrecen descuentos en la reparación de coches; las compañías de telefonía móvil han rebajado los precios... Pero se requiere mucho más para rehabilitar las zonas afectadas. «Tenemos que reanudar nuestra vida –dice Lito–, tenemos que ayudar a esta gente con ladrillos, tejados y madera para reconstruir sus casas. Una madre decía: “¿Qué vamos a hacer cuando vuelvan a empezar las clases? No tenemos libros, cuadernos, material escolar…”». Hay tres millones de personas afectadas y más de un millón ha perdido su casa. A veces necesitamos estos batacazos para abatir el muro de nuestros prejuicios y abrirnos a la fraternidad. Los momentos trágicos realmente sacan lo mejor de la gente, como narran muchos damnificados que han sido acogidos por completos extraños en sus casas. Estos trágicos eventos y el peligro real de morir provocaron una oleada de solidaridad entre amigos y desconocidos, así como una corriente de afecto renovado entre parientes que se expresaban su apoyo y cariño. Al final, te das cuenta de que lo que realmente vale en la vida son las relaciones profundas y verdaderas.

Leer más



Política protección de datos
Aviso legal
Mapa de la Web
Política de cookies
@2016 Editorial Ciudad Nueva. Todos los derechos reservados
CONTACTO

DÓNDE ESTAMOS

facebook twitter instagram youtube
OTRAS REVISTAS
Ciutat Nuova
Unidad y Carismas