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articulo

SEXOLOGÍA

Lourdes Illán

La pornografía y sus efectos
Desde hace décadas la pornografía se exhibe abiertamente en kioscos de prensa y videoclubs, pero está cayendo en desuso, y no porque hayamos tomado conciencia de su efecto negativo en la persona, sino porque ahora hay otra forma más fácil de conseguirla: en “la red”. Las páginas web de fotografías y películas se pueden ver en la intimidad, en lugar privado o no, en la pantalla del ordenador, en el móvil, en los iPods... Nuestros hijos ya no tienen que “pasar el apuro” de comprar “una revista de ésas”. Además, por internet es gratis, y si son hábiles, no dejan “rastro”. Ya no tienen que calentarse la cabeza en ver dónde guardan “la revista” o “la peli” para no ser descubiertos y que “a mi madre le dé un pasmo y tengamos una bronca de las que hacen época”. Para esos adolescentes que están en plena efervescencia hormonal y con una curiosidad desaforada, es mucho más fácil ahora entrar en contacto con la pornografía. Ellos manejan muy bien las nuevas tecnologías, y es clamorosa la ineptitud e ingenuidad de algunos padres a la hora de proteger a sus hijos de esta intrusión. Porque no siempre hay que ir a buscarla; a veces entra en nuestros ordenadores “sin haber sido invitada”. El 98% del público que consume pornografía es masculino. Se inicia en la adolescencia, solos o arrastrados por el grupo, de modo que es muy difícil para un adolescente sustraerse a su consumo. Pero no basta con intentar proteger a nuestros hijos con filtros, claves, ordenadores en red… Si quieren consumirla, lo harán. Hay que hablar con ellos e informarlos, que sepan a lo que se exponen y con lo que están colaborando. Como dice López Quintás, es necesario “purificar la mirada”. La pornografía no aporta nada positivo a la persona, y ni siquiera sacia la curiosidad. Lo que se presenta está “retocado”, mostrando cuerpos artificialmente perfectos y conductas sexuales provocativas para excitar sexualmente. El consumidor de pornografía trivializa y banaliza el sexo, quitándole su valor como expresión del amor: deja de ser un medio de comunicación y encuentro entre un hombre y una mujer que se aman.

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