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Años 80: Humanidad nueva

Pilar Marín y Antonio S. Moreno

En la breve historia de los Focolares, un hito es la figura de Igino Giordani. Él llegará a representar la apertura del naciente movimiento al horizonte de toda la humanidad.
La historia del movimiento Humanidad Nueva está íntimamente unida a la historia del Movimiento de los Focolares y a su fundadora, Chiara Lubich. De hecho, podemos decir que una fecha muy significativa es la del 13 de mayo de 1943, cuando ella decide no irse con su familia a las montañas, huyendo de la guerra, sino quedarse en la ciudad de Trento con sus primeras compañeras, con la voluntad de resolver el problema social de la ciudad, horizonte que habría de extenderse en pocos años, yendo más allá del mero asistencialismo y la filantropía, tratando de armonizar la vida social y sus relaciones. Es fundamental en esta breve historia el que Chiara conociera a Igino Giordani, diputado y hombre de gran cultura. Él llegará a representar la apertura del naciente movimiento al horizonte de toda la humanidad, la encarnación de un ideal evangélico en la vida social, la fusión de las dos ciudades: la de Dios y la del hombre. En 1956 nacen los “voluntarios”, laicos comprometidos que muy pronto aparecen como las personas más indicadas para aportar algo de luz en los diversos ámbitos de la sociedad en donde actúan. Por lo tanto ellos son los que constituyen la espina dorsal del movimiento Humanidad Nueva. Poco a poco se va trabajando en distintos campos: política, economía, sanidad, educación, arte… En el año 1973 Humanidad Nueva se da a conocer con este nombre y se dispone a preparar la que será su primera gran manifestación pública, en el año 1983: “Hacia una nueva humanidad”, celebrada en el Palaeur de Roma, donde Chiara Lubich la presentará a la Iglesia y al mundo. Por esas fechas en España ya se había empezado a trabajar según la línea de Humanidad Nueva en campos como la prosocialidad de los niños en el área de la investigación psicológica aplicada, o la difusión de métodos de regulación natural de la fertilidad, y se había realizado la exposición “Arte + familia”. Pero la asistencia de un nutrido número de personas interesadas en las más variadas facetas del campo social a este encuentro en Roma de 1983, así como y a la posterior escuela de formación, supuso el lanzamiento definitivo de Humanidad Nueva en toda nuestra geografía. A partir de ese momento surgieron distintas iniciativas, como una bolsa de trabajo para parados en Sevilla, o los bazares de Barcelona, Murcia y Rota para ayudar a los más necesitados, así como varias acciones de voluntariado. Conchita García nos comenta: «Todas estas iniciativas fueron importantes porque significaban que se estaba sembrando para que otros más tarde recogieran el fruto de esa siembra en los más variados campos. Hacíamos todo lo que podíamos con gran entusiasmo, implicando a las personas que estaban a nuestro alrededor, tratando de difundir la unidad entre todos». Además, muchos profesionales de distintos sectores empiezan a reunirse y a trabajar en variadas iniciativas, porque ésta es una de las novedades de Humanidad Nueva: aglutinar a todas las personas que intervienen en un mismo campo de la vida. Por ejemplo, en el ámbito de la educación: los profesores, los alumnos, el personal administrativo, los padres, etc.; en el de la sanidad: los médicos, los pacientes, los celadores, los administrativos, los auxiliares... Se trata de lograr que cada uno de los ambientes de nuestra sociedad sea más humano, más solidario y esté más unido. En todos estos años han ido formándose y madurando profesionales y gente sencilla, tanto amas de casa como estudiantes, artistas, etc. de todos los ámbitos sociales. Tratan de vivir día a día el espíritu de la unidad y de la fraternidad universal y llevan a cabo acciones que luego se dan a conocer en reuniones, seminarios, congresos nacionales e internacionales, publicaciones, etc., y que siguen animándonos a todos a avanzar por este camino, no exento de dificultades, que nos recuerda que trabajamos por los “cielos nuevos y la tierra nueva” que promete el Evangelio.


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