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articulo

Socialidad cognoscitiva

Pascual Foresi

Pensamiento de la unidad/10: Entre escepticismo y expresiones artísticas desconcertantes, la humanidad se busca a sí misma a través de nuevas formas de vida y de cultura.
Observando el desarrollo de la humanidad en las últimas décadas, lo que resulta más evidente son los grandes cambios a nivel social, cultural, político, tecnológico y científico que han sacudido completamente a algunos países, aunque en cierta medida y cada vez más, a todos los habitantes del planeta. Estas revoluciones o innovaciones han producido una crisis profunda no sólo a nivel social, sino también a nivel del pensamiento. Es una crisis que podríamos denominar de escepticismo. Ya no se cree en las posibilidades del pensamiento para afirmar verdades racionales; es decir, se desconfía del valor de la razón. Esto se aprecia en todos los campos. En el campo del pensamiento filosófico, hoy en día nadie puede afirmar que posee “la” filosofía que hay que seguir. A menudo, en vez de hacer filosofía, nos limitamos a exponer la historia de las ideas filosóficas. No se encuentran personalidades capaces de hacer innovaciones profundas en el pensamiento. En el ámbito católico en particular, ya no satisface la manera de entender la realidad en sentido realista medieval y se buscan otros caminos. En el campo de la teología existe toda una serie de opiniones, a cual más disparatada, que aparecen y desaparecen, y que se contradicen entre sí. Esto no es más que un síntoma de una crisis no tanto de fe ni de la presencia de lo divino, sino del modo de presentar, expresar y entender la fe. Se trata de uno de esos fenómenos históricos que no se pueden detener. La humanidad ya no está satisfecha con la manera en que hasta ahora se ha pensado y se ha abordado la realidad, al igual que sucedía, por ejemplo, en la época de los presocráticos y los sofistas. Éstos no negaban ni la vida ni la capacidad de pensar, sino que expresaban el malestar de la gente de entonces ante un modo de concebir la realidad que ya no se adecuaba al desarrollo humano de aquellos pueblos ni de aquella cultura. Se necesitaba una nueva fase que ellos estaban preparando sin saberlo. De hecho, luego vinieron Sócrates, Platón y Aristóteles con filosofías grandiosas que respondían a las necesidades de su tiempo y que siguen ofreciéndonos aspectos sugerentes incluso hoy. Sin embargo, estos filósofos fueron el producto de aquella crisis, de aquella descomposición de la vida que permitió que se desarrollaran nuevos conceptos. Cada nuevo giro de la humanidad requiere cierta crisis de sofismo y de escepticismo, cuyo aspecto positivo es justamente que indica la necesidad de nuevas profundidades y nuevos horizontes en la vida y en el pensamiento. Vida, trabajo, pensamiento, música, arte son todas ellas expresiones distintas del ser humano, pero que están relacionadas. El arte, una de las intuiciones más altas del ser, también está atravesando una crisis que puede ser muy indicativa. Actualmente se producen innovaciones radicales en el campo del arte. El pueblo llano, la gente sencilla queda desconcertada; no entiende estas manifestaciones artísticas de hoy. Y desde cierto punto de vista esto es grave, porque en las épocas más felices del pensamiento y de la historia del arte había participación de la gente, del pueblo, de las masas. En la región italiana de Toscana, por ejemplo, hasta la generación anterior a la mía había campesinos que sabían de memoria “La divina comedia” de Dante, precisamente porque era una expresión artística que respondía a las necesidades de la vida de ese mundo, de esa cultura.

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