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Regálame una pluma

Eduardo Ortubia

Escribir bien supone pensar correctamente. Sin embargo, las nuevas generaciones escriben sólo en letra de molde y con muchas faltas. Por eso se está revaluando la pluma estilográfica.
Dice el adulto: «¿Prefieres la letra de molde o la bastardilla?» «¿Bastardilla? ¿Y eso qué es?», responde el chaval. También le ha llegado su hora al término, no sólo a ese tipo de escritura que ya había caído en desuso. Y sin embargo, la bastardilla es un tipo de letra que se usaba normalmente cuando se escribía más a mano. ¡Qué pena que ya no se lleve! Escribir en letra de molde podrá parecer una falta de cultura y de personalidad a los amantes de la palabra escrita, pero se está tomando la revancha. Y lo han decretado las nuevas generaciones, que han adoptado el uso de la letra de molde como indiscutible y absoluta marca generacional. Los adolescentes la usan continuamente y la plasman sobre el papel a una velocidad que asombra a profesores y padres. No hay argumentos de tipo ideológico que justifiquen esta elección y mucho menos filosóficos o psicológicos. Se trata simplemente de un motivo práctico; es para entender lo que han escrito. Cómplice de esta tendencia es el uso loco del teclado del ordenador, incluso por parte de los adultos. A muchos les cuesta horrores escribir a mano de forma presentable. Escribir una nota a mano se está convirtiendo en un problema, ya que debido a la falta de práctica, producimos sólo garabatos. El uso predominante del correo electrónico está obligando a rendirse incluso a los que estaban familiarizados con el papel y el lápiz. Todos los días se transmiten diez mil millones de comunicaciones por ordenador (los llamados e-mails), y de éstos, mil millones son mensajes relacionados con el trabajo o de correspondencia privada. Los anglosajones son más sintéticos e incisivos que los latinos. Nosotros solemos ser más barrocos y prolijos. Nos equivocamos entonces de medio, porque los e-mails no son cartas, son mensajes informales, directos y rápidos que tienen que ser concisos para que se lean en el menor tiempo posible. La rapidez manda, pero trae consecuencias. En Estados Unidos se han dado cuenta desde hace tiempo que la rapidez y las prisas a menudo producen malentendidos entre los usuarios de correo electrónico. El que los escribe no sopesa las palabras lo suficiente y el que los recibe no los lee con la suficiente atención, por lo que una de cada dos personas no entiende el sentido del mensaje que recibe. Y esto puede traer problemas.

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