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articulo

Clima y geopolítica

Agustín Silva


Dada mi profesión, he leído con mucho interés el artículo de Alberto Ferrucci ¿Cuál es el futuro de la energía fósil? publicado en el anterior número de Ciudad Nueva. Sin pretender entrar en discusión con sus puntos de vista, me parece oportuno aportar otros que completan el panorama descrito por Ferrucci, a quien considero un buen profesional. 
En los últimos años se ha generado mucho debate sobre el efecto que los más de 7.000 millones de personas que habitamos la Tierra tenemos sobre el medio ambiente. La opinión generalizada es que hay que mejorar nuestra forma de usar los recursos naturales y la forma de tratar los residuos que generamos. Por otro lado, y relativamente relacionado, esta el tema de encontrar nuevas formas de energía que sean al menos tan baratas y universales como lo han sido hasta ahora los combustibles fósiles, pero que tengan un impacto menor en el medioambiente, y en especial lo que algunos (muchos) califican como emergencia climática. En mi opinión son problemas diferentes y no deberían mezclarse para poder tratarlos de forma diferente.
Que la Tierra se está calentando es un hecho y que la concentración de CO2 en la atmósfera está relacionada con los ciclos de temperatura de la superficie terrestre es otro hecho. Esto ha sucedido así de forma cíclica, al menos cada 150.000 años en el último millón de años (ver gráfica que ilustra este artículo). Ahora estamos en un ciclo de calentamiento que, a la vista del pasado geológico, empezó hace unos 20.000 años. A lo largo de este tiempo la Tierra se ha calentado unos 10 grados y el ciclo puede durar aun varios cientos de años y la temperatura subirá otros 3 o 4 grados más.  Lo novedoso esta vez es que la concentración de CO2 en la atmósfera va a ser casi dos veces mayor que la de los últimos ciclos de calentamiento, si bien es cierto que no será la primera vez que el CO2 alcance niveles tan altos. Hace 70 millones de años la temperatura media estaba unos 10 grados por encima de la temperatura actual y la concentración de CO2 era más de tres veces superior. Fue la época de los grandes bosques y los dinosaurios, es decir, uno de los mayores niveles de vida animal y vegetal en la historia de la Tierra. Nadie pone en duda hoy que el clima del planeta está cambiando y que en parte es debido a la actividad humana. Estoy por tanto de acuerdo en que es nuestra responsabilidad entender los cambios y prever, en la medida de lo posible, sus consecuencias. 
El uso de los combustibles fósiles en los últimos 150 años ha permitido a la humanidad disponer de energía barata y casi universal, y por tanto progresar en solo unos años mucho más que, cuando en el Paleolítico, nuestros antepasados aprendieron a controlar el fuego. De hecho, la esperanza de vida hace 150 años era la misma que la del Paleolítico (30 años), mientras que hoy la esperanza de vida supera los 75 años. Son datos agregados para todos los habitantes de la Tierra, es decir que, en parte gracias a los combustibles fósiles, la calidad de vida medida con el índice de la esperanza de vida se ha multiplicado por más de dos en los últimos 150 años.

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