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Parecía imposible

Rober y Consuelo


Queremos compartir nuestra experiencia de providencia. Así queremos llamarla, ya que ha sido algo muy grande para nosotros.
Tenemos dos hijos encantadores, de 3 y 4 años. Los dos tienen un retraso madurativo, el mayor más severo que la pequeña. Al mayor se lo detectó el pediatra al añito, y lo movió todo muy rápido para conseguir los recursos que necesitara lo antes posible, pues sospechaba que podría ser un Trastorno de Espectro Autista (TEA). Ahora ya está descartado. Tras muchas pruebas, nos concedieron el servicio de Atención Temprana, del cual estamos muy contentos por la evolución del niño y el trato que recibimos. 
El niño ha empezado este año el colegio con un informe para que tenga educador, maestro de audición y lenguaje y maestra de pedagogía terapéutica. Por este motivo en el centro de atención temprana nos han dicho que se le acaba el recurso, ya que lo atendían por las mañanas y no es bueno que pierda lo del colegio, donde el niño ya tiene recursos. Para nosotros fue muy triste porque es un servicio que le estaba funcionando muy bien y lo necesitaba. Pero también nos han hablado de otra posibilidad que suelen coger casi todos los niños en la misma situación: tramitar una beca del Ministerio de Educación y Cultura. Con ella podríamos pagar las sesiones de un centro privado por las tardes durante todo el curso escolar, una hora semanal (actualmente tiene dos horas semanales, por lo que perdería una hora, pero mejor eso que nada). Tendríamos que empezar a pagar las sesiones a partir de septiembre, y luego en enero, cuando se suele cobrar la beca, recuperaríamos el dinero. Dada nuestra situación económica se nos haría muy cuesta arriba, pero por un hijo uno hace lo que sea necesario. 
Comenzamos a hacer entrevistas en muchas clínicas, todas muy buenas  y de muy buen trato, pero en todas nos dicen que será prácticamente imposible que nos den la Beca. Si el niño tuviera un TEA o algo más grave, la darían enseguida, pero si es algo más leve, no la suelen dar, y menos aún si uno de los padres es funcionario. Con poco ánimo seguimos adelante, rezando para que nos concedan esa beca o algún otro recurso para ayudar a nuestro hijo, porque no podemos permitirnos ese desembolso. 

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