Vivo en la comunidad de los Focolares en Coslada. Me dedico a la enseñanza como profesor en secundaria de lengua castellana y literatura.
Desde mi encuentro con esta espiritualidad, siempre me ha acompañado lo que llamo el núcleo duro del evangelio: «amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas… y al prójimo como a ti mismo». A lo largo de los años, cada vez que la vida tocaba alguno de esos aspectos se producía una especie de terremoto interior. Hubo un período en que sentía fortísimo la llamada a la paternidad. ¿Me había equivocado en mi elección de vida?, ¿era un nuevo planteamiento vocacional? No. Dios me pedía vivir plenamente la paternidad espiritual hacia el prójimo y me daba la posibilidad de hacerlo en el hoy de mi vida. Así que los cumpleaños o navidad son ocasiones para contactar con mis antiguos alumnos o con los de otros curso para ponernos al día.
Una vez, felicitando por su cumple a uno de ellos, que trabajaba en Londres, ya medio independizado de la familia, me comentó que su novia estaba embarazada. Se habían planteado la posibilidad de abortar, pero quería saber mi pensamiento, aunque lo conocía muy bien. Hablamos del misterio de la vida… Tomaron la decisión de formar una familia y seguir adelante con la vida del que hoy es su hijo.
Durante la fase más dura de la pandemia dos de mis alumnos se encontraron con que sus padres estaban ingresados. Ellos estaban solos confinados en casa. Cuando concluíamos las clases online sobre Cervantes o los sujetos y predicados, pasábamos a las de cocina y lavadora… Y lo más importante, vivir con ellos la incertidumbre del momento.
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