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Oriente Próximo

Ana Moreno Marín

Hace falta un milagro/2
El conflicto entre judíos y palestinos se ha calmado con un alto el fuego que parece estable. En febrero, las elecciones en Israel han dejado patente la división del pueblo entre la derecha del Likud (27 escaños) y el partido de centro Kadima (28 escaños). Significativa victoria la de Zipi Livni, mayoritaria en la moderna y cosmopolita Tel Aviv, la ciudad más importante después de Jerusalén y la más abierta a Occidente. El nuevo gobierno debe ser fruto de una coalición, pues no hay mayoría absoluta, y le compete la tarea de una paz necesaria y definitiva con Palestina. ¿Será una cuestión prioritaria y la paz durará? Porque decir definitiva... El mes pasado dábamos espacio a una joven palestina de Jerusalén. Ciertamente la percepción que un joven puede tener del conflicto es limitada y se basa sobre todo en sus sensaciones, de modo que sólo muestran un aspecto de la realidad. Este mes hemos hablado con una joven judía de Haifa. Su testimonio es subjetivo y denota cierta carga de prevención. –¿Cómo has vivido y vives esta situación de conflicto? –Durante la guerra sentí que mi postura por las hostilidades cambiaba y me tocaba profundamente. Cuando comenzó la guerra en Gaza, mi prometido servía como oficial médico y no sabía si mandarían a su unidad al frente, y eso me preocupaba. Dejé de coger autobuses por miedo a que fueran objetivo de ataques suicidas y cada vez que iba al baño temía que cayeran cohetes en Haifa y saltara la alerta roja. Todavía hoy me cuesta volver a la normalidad. Creo que ha habido un cambio en la sociedad en los últimos dos meses, y un ejemplo es el resultado de las elecciones: se ha producido un giro hacia la derecha. –Hablas de las elecciones en Israel. ¿Crees que el nuevo gobierno buscará la paz? –No espero de este gobierno que traiga la paz, no importa quien lo lidere. De la guerra no sale más que odio y miedo, y éstos no son factores que contribuyan positivamente en el proceso de paz. En algunas partes del mundo sólo se ve a Israel como un asesino, por eso no se entiende la respuesta violenta que dio y que ha causado al menos 1.200 muertos en Gaza. Pero hay que entender que los palestinos tienen una cultura muy diferente a la occidental y utilizan tácticas para conseguir el apoyo del mundo y dejar a Israel como un monstruo. Han mentido sobre la cantidad de muertos civiles y de militantes de Hamás. Usan a mujeres y niños como escudo humano y ponen a sus familias en peligro, haciéndoles creer que luchan por la mejor causa. Además no actúan en favor de su propia gente cuando rompen los acuerdos de paz, aun sabiendo las consecuencias. Conviene recordar que Hamás es un grupo terrorista que consigue el poder con tácticas despiadadas y no tiene reparo en matar a sus propios hermanos (Fatah). Hamás intercepta víveres y medicinas para sacar ganancias y no tiene verdadero interés en mejorar la vida cotidiana de sus ciudadanos. Israel intenta ajustar sus bombardeos a objetivos específicos tratando de no afectar a la población ni a sus propiedades, pero cuando hay poca diferencia entre un terrorista y una persona que simplemente apoya a un régimen terrorista es difícil saber dónde poner el límite. Finalmente, cuando hay ciudadanos que están bajo un constante ataque de misiles de grupos milicianos de Hamás es inmoral no hacer nada que mejore su situación. Este testimonio, como el del mes pasado, nos demuestra la necesidad de oración por parte nuestra para que el entendimiento y el diálogo sustituyan a la actual desconfianza y desesperanza. La ofensiva militar en Gaza ha sido un trágico episodio que ha causado enormes daños. Miles de familias se han quedado sin casa y lo han perdido todo, hay miles de heridos y se calcula que la restauración material costará dos mil millones de dólares. Pero sobre todo quedan las secuelas de división y odio. Los niños sufren el trauma de veintidós días sin dormir bajo el terror por el ruido ininterrumpido de los aviones, pensando que la próxima bomba podría caer en su casa. Pidamos pues por esta gente, ya que no tenemos posibilidad de resolver este conflicto tan complejo y delicado. No prejuzguemos ni una postura ni otra, porque no sabemos qué haríamos o pensaríamos si estuviéramos en su piel.


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