Cuatro días de formación
Naroa y María Chiara.- Antes de empezar el curso, un grupo de chicas de Bilbao, Burgos y Valladolid hemos conseguido juntarnos para cuatro días de formación. Ha sido genial. Ya en julio las tres más mayores preparamos el programa con las adultas: momentos de reflexión y otros muchos con dinámicas y juegos para poner en práctica el amor recíproco y lo nuevo que conoceríamos. Al prepararlo hemos descubierto que cuánto más nos damos a los demás, más crece nuestra unión con Dios, y esa ha sido la experiencia de cada una. De hecho, las misas resultaban bonitas: canciones, lecturas, peticiones, pudiendo recibir a Jesús eucaristía cada día, sintiéndolo cada vez más cercano. Agradecemos a los sacerdotes que lo han hecho posible. Muy especial fue cuando, quien quiso, se acercó al sacramento del perdón. No estamos muy acostumbradas a ello, pero nos sentimos más libres que nunca.
Fue genial el último día: cada una contó qué se lleva dentro: «He recuperado la fe», «me he vuelto a encontrar con Dios», «rezar o ir a misa ha vuelto a entrar en mis rutinas»... Parecía que habíamos conseguido algo mejor de lo que imaginábamos. Incluso una dijo: «Yo creía que a Jesús, como es Dios, todo le salía bien. Y como a mí me pasan cosas que no me merezco, saber que también estuvo en una situación vulnerable me ha hecho creer más en él. Porque sentir que su Padre lo abandonaba es muy fuerte. Ahora sé que Dios nunca abandona».
Estos días nos han cambiado la forma de vivir. Hemos aprendido que nuestra relación con Jesús se traduce en un cambio de vida. Ahora nos lo llevamos para aplicarlo en casa con los nuestros: «Yo siempre tengo muchas ganas de tener cosas, y nuevas, pero me he dado cuenta de que muchos no tienen nada, y que yo puedo privarme para ayudar a otros». Algo en lo que todas estamos de acuerdo es en que experimentamos una unidad mucho más fuerte presencialmente.
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