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articulo

NIÑOS

Lourdes Illán

Seguimos con los cambios
Como ya vimos en el artículo anterior, la pubertad es una etapa de cambios a todos los niveles que abre el camino a la adolescencia. Tratamos los cambios físicos, que son los más llamativos y evidentes, pero también se dan a otros niveles: intelectual, afectivo-emocional y espiritual. A nivel intelectual ocurre un cambio de pensamiento muy importante. Se evoluciona de lo abstracto a lo hipotético-deductivo, y ésta es la característica más relevante del pensamiento típicamente juvenil. La etapa anterior se caracterizaba por la capacidad para conocer y trabajar con símbolos (pensamiento abstracto), ahora se da un paso más y se es capaz de plantear las hipótesis, deducciones y conclusiones. Otra singularidad que marca esta etapa es la exaltación del pensamiento, y esto provocará que el adolescente todo lo viva con muchísima intensidad. A nivel emocional a veces le jugará malas pasadas, dado que exaltará las experiencias positivas y dramatizará las negativas. Experimentará fuertes y rápidos cambios de humor, que lo desestabilizarán muy a menudo. Hay que avisarles de que les va a ocurrir todo esto. Ante estas situaciones, los padres debemos actuar de una forma serena pero efectiva. Si nuestro hijo nos comunica un problema o una preocupación, lo debernos escuchar a fondo, “haciéndonos uno” con él, como diría Chiara Lubich, no quitándole importancia a lo que nos cuenta: “eso es una tontería, ya se te pasará”... No debemos banalizar, pero tampoco mostrar angustia o desesperación dramatizando nuestros sentimientos, que a veces son de impotencia ante situaciones concretas. Ellos esperan que los escuchemos y los comprendamos, que nos pongamos en su piel y que los ayudemos. Somos sus padres y hasta ahora –ya por poco tiempo– éramos “esas personas capaces de solucionar cualquier problema”. En estas situaciones deberíamos expresarles que nos sentimos apenados de que esté pasando por “eso” pero que juntos vamos a buscar una solución, y a continuación, buscarla. También se desarrolla una gran curiosidad, deseos de experimentar, de tener experiencias nuevas, de probar... de llevar todas las situaciones al límite, ¡hasta nuestra paciencia! Y ocurre a todos los niveles. Deben estar preparados e informados para saber hasta dónde pueden llegar y dónde deben “saber decir no”. Cuestiones de drogas, alcohol, violencia o agresividad hacia ellos u otros, situaciones de peligro (salidas, motos...), sus primeras experiencias sexuales... Se da en ellos una gran contradicción: tienen una gran necesidad de límites, de normas, pero las infringen más que nunca. A medida que nos acerquemos a la adolescencia, las normas ya no podrán ser impuestas, sino negociadas y pactadas. Buscarán su independencia, su autonomía, su maduración, y sólo la conseguirán “separándose” de nosotros, tomando distancia, preservando su intimidad. A menudo la relación se hace muy costosa. Unas veces se caracteriza por la apatía y el hermetismo, otras por la tensión e incluso la falta de respeto a todo lo que sean límites a sus deseos de “expansión”. Nos debemos armar de paciencia y ser más padres que nunca, como el Padre, que todo lo espera porque nos ama tal como somos, que nos perdona siempre, porque es misericordia y pone el Amor del que nosotros no somos capaces. (l.illan@wanadoo.es)


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