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Economía de Francisco - Estar donde se gesta el presente y se prepara el futuro

Pedro Pablo Núñez


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«Ha nacido un movimiento de jóvenes para cambiar la economía. Es un movimiento generativo, no tiene “dueño”, ha nacido libre».

Son palabras de Isaías Hernando, Presidente de la Asociación Economía de Comunión en España, que ha participado como sénior y como parte del equipo organizador del encuentro de Asís de los días 19, 20 y 21 noviembre. Estaba previsto fuera un encuentro presencial en marzo, pero la Covid-19 obligó a posponerlo y a tener que realizarse telemáticamente. Isaías Hernando continúa: «Soy testigo directo de la vocación de muchos de estos jóvenes, que son una esperanza para la humanidad porque están deseando remangarse y pasar a la acción, no solo difundir un mensaje. Desde el punto de vista personal, acompañar este proceso me ha hecho descubrir una relación entre generaciones que no es la habitual en estos ambientes. El papa Francisco ha insistido varias veces en su deseo de dejar la palestra a los jóvenes.
Respetando su deseo, he visto cómo han apreciado el testimonio y el aporte concreto de los mayores, y estos, incluyendo figuras de primer orden a nivel mundial (como Yunus, Sachs, Raworth, etc.) han interpretado este papel subsidiario con una humildad que me ha impresionado».
 
 

Mensaje del papa Francisco: vocación, cultura, pacto

El encuentro ha tenido su anclaje en cinco «cara a cara» con Francisco de Asís, con elocuentes enunciados: amanecer de una vocación; reinicio de una vida; abrazo al leproso, la fraternidad improbable; economía del pan compartido; talentos de la mujer; cuidado y custodia. Es el punto de partida de un proceso para vivir como vocación, cultura y pacto.
 
Vocación: «“Ve, Francisco, repara mi casa que, como ves, está en ruinas”. Estas palabras se vuelven un llamado especial para cada uno de nosotros (...) Sé que aceptaron esta convocatoria de forma inmediata (...) Lo hicieron desde una perspectiva particular: la economía (...) No pueden permanecer fuera de donde se gesta el presente y el futuro. O están involucrados o la historia los aventajará».
Cultura: «Necesitamos liderazgos comunitarios e institucionales que puedan asumir los problemas sin quedar prisioneros de estos (...) Debemos volver en cierta media a la mística del bien común (...) En pleno siglo XXI ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive».
 
Pacto: «Es tiempo, queridos jóvenes economistas, emprendedores, trabajadores y empresarios, de arriesgarse a propiciar y estimular modelos de desarrollo, progreso y sustentabilidad donde las personas, pero especialmente los excluidos —en los que incluyo la hermana tierra— dejen de ser, en el mejor de los casos, una presencia meramente nominal, técnica o funcional, para transformarse en protagonistas de sus vidas como del entero entramado social (...) La perspectiva del desarrollo humano integral es una buena noticia a profetizar y efectivizar (...) En palabras de Pablo VI: “Nosotros no aceptamos la separación de la economía de lo humano (...) Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera”».
 

Una nueva racionalidad económica

Los jóvenes han empezado por conocerse y trabajar juntos, formulando propuestas (en muchos casos en proceso de elaboración) tanto teóricas como prácticas. En las declaraciones finales del encuentro han formulado una serie de peticiones, «en primer lugar a nosotros mismos», confiando también en los adultos, conscientes de que «les pedimos mucho, pero si pidiésemos menos, no pediríamos lo suficiente». Entre esas peticiones figuran:
- la salvaguardia de los bienes comunes (especialmente los globales, como la atmósfera, los bosques, los océanos, la tierra, los recursos naturales, todos los ecosistemas, la biodiversidad, las semillas), como un punto central en las agendas de los gobiernos y de la enseñanza en las escuelas, universidades, escuelas empresariales de todo el mundo;
- la creación de nuevas instituciones financieras mundiales y la reforma, en un sentido democrático e inclusivo, de las ya existentes (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional), para que ayuden al mundo a recuperarse de las pobrezas, y se recompensen y fomenten las finanzas sostenibles y éticas;
- el apoyo de las instituciones nacionales e internacionales a empresarios innovadores en el ámbito de la sostenibilidad ambiental, social, espiritual y, no última, gerencial, porque solo repensando la gestión de las personas dentro de las empresas será posible una sostenibilidad global de la economía.
 
Son peticiones que ponen de manifiesto cómo la influencia del pensamiento económico dominante, centrado en la eficiencia de mercado y la competitividad, sin criterios éticos, ha separado a la economía de sus orígenes, que era economía política, es decir, ciencia social que busca el bienestar de la persona, su felicidad.
 
Piden los jóvenes una nueva racionalidad económica que se centre en las personas y ponga a su servicio la eficiencia. El papa Francisco recordaba en su mensaje a Benedicto XVI cuando señalaba, por ejemplo, que el hambre «no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional».
 
Junto a ese repensar la racionalidad económica, es también importante que se investigue y enseñe la elaboración de modelizaciones e instrumental analítico que permitan integrar las necesidades sociales y el impacto ambiental en la consideración económica, para que puedan ser tenidos en cuenta en los indicadores. La propia identificación de los bienes económicos es un buen ejemplo. Así, además de los bienes que podemos usar individualmente, o colectivamente, habría que considerar los bienes universales, como la paz, que permiten incrementar mi bienestar cuanto más disfrutan de ella los que me rodean, de forma que, cuanto más se benefician los otros de ella, más útil es para mi. Tales bienes universales deberían formar parte de las mediciones de riqueza y bienestar de las sociedades.
 
En la reforma institucional, que también está en la agenda de trabajo de los jóvenes, la seguridad jurídica debe tener en cuenta la ética y la prevalencia de derechos. Por poner otro ejemplo, la propiedad privada nunca fue reconocida como un derecho absoluto por la tradición cristiana, porque «el uso común de los bienes creados para todos es el primer principio de todo el ordenamiento ético-social, es un derecho natural, originario y prioritario (...) El derecho a la propiedad privada solo puede ser considerado como un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados, y esto tiene consecuencias muy concretas que deben reflejarse en el funcionamiento de la sociedad. Pero sucede con frecuencia que los derechos secundarios se sobreponen a los prioritarios y originarios, dejándolos sin relevancia práctica» (Fratelli tutti, n.120).
 
Parafraseando un comentario de Muhammad Yunus en su interacción con los jóvenes durante el encuentro de Asís, podríamos decir que la pregunta relevante para el nuevo modelo económico, para un desarrollo sostenible es ¿está bien o está mal? (pregunta que engloba muchas otras: ¿es inclusivo o admite descartes?, ¿regenera la creación o la reduce?, ¿se apoya en la reciprocidad y la confianza o las debilita?).
 

Protagonistas de la Economía de Francisco 

He preguntado el significado de la Economía de Francisco (EoF) a Diego y Ana, más vinculados a la empresa, y a Fernando y Bernat, más vinculados a la academia.
 
Diego Luca de Tena: «En los últimos años se ha hecho patente la necesidad de un cambio de rumbo desde muchos puntos de vista, tanto en el ámbito del consumo de recursos naturales y cambio climático como en aspectos sociales. Por un lado el agotamiento de los recursos naturales y la emisión de gases contaminantes y de efecto invernadero pone en riesgo los cimientos de nuestra Casa Común, por otro lado, los distintos materialismos, tanto los de origen colectivista como los de origen individualista, nos llevan a ver al prójimo como un adversario en lugar de como nuestro hermano, comprometiendo la convivencia. Estos además, de manera irresponsable, obvian que en nuestras sociedades necesitamos y tienen que tener cabida todos: trabajadores y empresarios, ahorradores y consumidores, técnicos y profesionales de distintas áreas, inversores, políticos, artistas, etc. EoF busca ayudar a las nuevas generaciones a dar un enfoque más humano a la economía y así construir una sociedad más justa, más próspera y más unida para las próximas generaciones».
 
Ana Isabel Tamargo: «Buscando ser agentes de cambio, embajadores de un nuevo estilo de vida. Ante esta responsabilidad y compromiso que hemos asumido, reconocemos que hay una conexión entre la economía, la sociedad y el medio ambiente, por lo que buscamos integrar la visión de los diferentes campos (empresarios, investigadores, emprendedores, economistas, ambientalistas…). Es un trabajo en conjunto en el que cada uno aporte desde su experiencia, para así construir un nuevo modelo sostenible y más humano. EoF ha sido el punto de partida, ha llegado el momento de pasar a la acción, de organizarnos para crear juntos acciones e iniciativas, que por pequeñas que sean, se conviertan en una pasión en nuestras vidas que irán sumando a la creación del bien común a la que tanto aspiramos».
 
Fernando Bonete: «La Economía de Francisco me ha permitido dedicar mis esfuerzos como profesor e investigador a un tema que enlaza directamente con el bien común. He podido conectar el tema con mis alumnos y colegas en la Universidad y despertar esa conciencia de que la economía puede ser y debe ser de otra manera. Es increíble hasta qué punto el rendimiento y la eficacia nos absorbe y nos impide ver que detrás de los números, detrás de los resultados, hay personas».
 
Bernat Sellarès: «Cuando terminé la carrera de Economía sentí un vacío muy grande. Determinados postulados como que a los agentes económicos solamente nos mueve el afán de lucro y la maximización de utilidad habían empobrecido enormemente mi visión de la realidad y del ser humano. Tenía la sensación de que faltaba algo, y me sentí empujado, sin saber mucho porqué, a estudiar filosofía. 
»Actualmente soy profesor y gerente de la Facultad de Filosofía de la Universitat Ramón Llull de Barcelona. EoF ha significado para mí la oportunidad de comprender nuestro trabajo como economistas, como llamada y como vocación: la economía como habilidad al servicio de las personas. Una habilidad o destreza donde, en el sentido griego original (oikonomía que practica un oikonomos), teoría y práctica son indisociables. Mi labor como profesor y ecónomo, es decir, la combinación de teoría y praxis económica, es una buena muestra de ello. 
»Así, en el plano académico, EoF me ha conectado con otros profesores y teorías que nos ayudan a formarnos y comprometernos conjuntamente para cambiar la forma en que nosotros (los economistas) educamos a las próximas generaciones, con tal de proporcionar una visión más humana (con alma dice el papa) de la economía. Y en el plano más práctico EoF significa de igual modo un aprendizaje y un compromiso para que nuestras acciones económicas contribuyan a crear un mundo más humano y económicamente justo».
 
 
 




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