«Soy una persona activa y mi primer impulso al llegar el confinamiento fue buscar cosas que hacer y formas de ayudar. Como, muy a mi pesar, dedicarme a hacer pan no era una opción muy viable, me dediqué a algunas tareas en la huerta del seminario. Sin embargo, pronto me frustré al sentir que no podía ayudar más. No obstante, y aunque quizá suene a tópico, la oración me ha acompañado a lo largo de este tiempo de una forma muy especial.
»Encerrado, me he encontrado con que muchas personas me pedían que pidiese por ellas o por sus familiares y, aunque una parte de mí se rebelaba contra esto porque, al fin y al cabo, a mí lo que me gusta es hacer cosas, es cierto que rezar no ha supuesto renunciar a hacer cosas, sino que las ha puesto en un nuevo lugar. Esta situación me ha obligado a reordenar prioridades y a poner cada cosa en su sitio, con Dios en el centro. Ha sido una oportunidad para ir aprendiendo a rezar, a mirar a Dios y así, poder mirar al mundo.
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