Qué hace tan atractivo el Camino de Santiago? Los motivos que empujan a tanta gente a peregrinar unos días podrían ser: «pasemos juntos unos días», «hagamos un poco de dieta», «veamos si somos todavía jóvenes», «es lo que está de moda»… Mi experiencia es que el Camino, con mochila, durmiendo en albergues, compartiendo con las personas que encuentras sin ser selectivo, es una oportunidad de recuperar la normalidad de la vida.
Estamos envueltos en un creciente aburguesamiento y nos vamos acostumbrando a la buena vida. El Camino te desafía justamente en este sentido, pues comodidades pocas: duermes en litera junto a otras quince personas (siempre hay alguno que desafina por las noches, con notas que no encajan en ninguna partitura). Aun así, el Camino te ayuda a recuperar el sueño, incluso en circunstancias adversas. Ayuda a confiar en las fuerzas que aparentemente no tienes, ayuda a saludar a todos y abrirte al desconocido, a compartir lo poco que tienes, a confiar… Por todo ello, el Camino es un breve «Máster en normalidad», porque la anormalidad es no saludar, no confiar, no arriesgar, no ir más allá de tus fuerzas.
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