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articulo

La difícil situación de Orissa

Ravindra Chheda (desde la India)

Intolerancia religiosa
Communalism es la palabra que emplean en la India para definir la intolerancia religiosa, un fenómeno que, sobre todo a partir de su independencia, ha sido protagonizado por hindúes y musulmanes, a veces en enfrentamientos sangrientos. Sólo en algunas ocasiones, como ocurrió en 1984, cuando el asesinato de Indira Gandhi, la violencia enfrentó a hindúes y sijs. Los cristianos, por su parte, han entrado en esta espiral sólo hace unos años y, la verdad, de una manera preocupante. El fenómeno es nuevo en un mundo como el subcontinente indio, que siempre se presenta como modelo de armonía y tolerancia, y donde el cristianismo nunca había sido objeto de persecución desde la época se santo Tomás. Lo que ha ocurrido en Orissa es expresión de una problemática bastante compleja. Este estado del este del la India tiene una población de 36 millones de personas, en su mayoría hindúes, aunque alberga minorías de cristianos (2,4%) y musulmanes (2%). Después de los estados del norte, Orissa es donde hay mayor abundancia de tribus, en torno al 25% de la población. Y justamente los grupos tribales (adivasi se denominan), que profesan religiones tradicionales, profundamente radicadas en la creencia de la presencia del Absoluto en la naturaleza, son objeto del contencioso entre las distintas religiones. Por una parte, el hinduismo siempre ha desarrollado una serie de mecanismos socio-culturales para englobar la religiosidad tradicional en alguna de las expresiones del mundo hindú. Se trata de un proceso de hace miles de años que los sociólogos hoy definen como “sanscritización” o “brahmanización”. Por otra parte, en el último siglo los misioneros cristianos se han orientado precisamente hacia estas porciones de la población para asegurarles cierta promoción social y una dignidad que no tenían o que habían perdido. La asistencia médica, la defensa de los derechos humanos y la escolarización son los tres ejes del testimonio de los cristianos. Y aunque los cristianos son una pequeña minoría, los grupos fundamentalistas perciben la conversión como una amenaza contra la identidad nacional. Los grupos de la sang parivar, que convergen en la línea política del partido Bharatya Janata, son los promotores de la hindu rashtra, o sea, la constitución de la nación hindú. Swami L. Saraswati, el líder hindú recientemente asesinado, era desde hace años un paladín de esta política, que ya en los años 90 culminó en el asesinato brutal de un misionero australiano laico y sus dos hijos, quemados vivos dentro de su jeep; y a finales del año pasado produjo numerosos enfrentamientos y asesinatos. Si bien este crimen ha sido presentado como obra de guerrilleros maoístas (los naxalitas) que controlan buena parte del territorio del estado, y aunque los obispos de las cinco diócesis de Orissa inmediatamente difundieron una nota de condena por el brutal asesinato del líder hindú, la reacción de violencia se cebó con los cristianos. «Aquí la mayoría querría eliminar la cruz –dijo entonces monseñor Cheenat, arzobispo de Bubhaheswar–, pero sus raíces son muy profundas y el cáncer de la intolerancia no prevalecerá. La Iglesia seguirá siendo luz para muchas generaciones futuras».

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