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Entre sexo y sentimientos

Julio Márquez

Masculino y femenino ¿Qué ocurre en la relación íntima de la pareja? Por encima de crisis y liberaciones varias, aún se sigue buscando la felicidad.
Hasta hace cuarenta años el estilo de vida de un hombre o una mujer se forjaba en la familia, en el grupo de amigos, en la escuela, en la parroquia... Hoy ya no es así. El mundo se ha ensanchado desmesuradamente y ahora son los medios de comunicación los que más influyen en nuestro modus vivendi, es decir, cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos relacionamos con nuestros semejantes. Sólo que la mayor parte de los modelos que nos proponen los medios aparecen en una sola dimensión, deformados, chatos, demasiado brillantes o exasperantes hasta lo patológico. Por tanto, no ayudan a madurar equilibradamente la vida afectiva y de relación. Por ejemplo, las chicas que describen las revistas parecen dispuestas a lo que sea con tal de acabar en el escaparate de la web. Disfrazadas de estilos de vida inducidos por la publicidad, ya a los doce años “tienen que” ser delgadas a toda costa, y sin renunciar a unos buenos senos, y practicar sexo de consumo. Poco importa la idea que tengan de sí mismas o de lo que es una historia de amor. Y los chicos que aparecen en la tele, por su parte, parecen obsesionados por su imagen. Para superar el trauma de “prestación”, recurren a la Viagra, que no les sirve para nada, y se enfrentan al mundo apiñados en bandas callejeras más o menos violentas. ¿Qué pensarán de sí mismos?, ¿y de las chicas, objetos disponibles y provocadores en cualquier publicidad? Al lado de estos jóvenes, los adultos tampoco quedan muy bien. Las únicas alternativas parecen ser las parejas melosas, demasiado perfectas para ser reales, o irremediablemente desinhibidas, dentro y fuera de la cama. Especialmente cuando abordan la afectividad o la intimidad, los medios sólo son capaces de trivializarlo todo, consiguiendo que las relaciones pierdan encanto y veracidad. Con tanto estupro impune y tanta serie de señoras insatisfechas, las mujeres se lamentan de la falta de respeto por parte del hombre cavernícola, que no evoluciona y sólo ve a la mujer como compañera de relaciones sexuales. Los hombres les rebaten que necesitan dulzura y feminidad, y no mujeres complicadas y autosuficientes. Por otra parte, los titulares de los periódicos nos agreden con cosas así: “El sexo desaparece de la vida de pareja”, o bien: “La infidelidad avanza”. Y en los grandes almacenes los juguetes eróticos ya están al alcance de todos. O sea, que estamos ante un amor entendido como espacio de realización personal, con muchas sensaciones y poco compromiso, porque si no funciona, se cambia de pareja y ya está. Y por encima de todo esto ya aletea la esperada píldora del placer, que pronto sustituirá a la Viagra y será también para ellas, y se prevén ganancias astronómicas. O sea, todo un negocio, si medimos el valor de hombres y mujeres por la cantidad de amores consumidos.

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