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articulo

Experiencia inolvidable

Ana Moreno M

Una historia que contar
La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el evento juvenil más grande en el mundo, atrajo este año a las antípodas a nada menos que 223.000 peregrinos, de los cuales 110.000 eran de otros 170 países. Ha sido el evento más grande celebrado en Australia. Entre estos peregrinos se encontraba Linh, de Vietnam. Lo primero que le impresionó fue la increíble organización: “¡Había cientos de miles jóvenes, pero no nos quedamos atascados entre la gente gracias al buen sistema de transporte que habían previsto”. En especial le impresionó la disponibilidad de los voluntarios y la gente del lugar. Más de 8.000 voluntarios dejaron su trabajo durante esa semana: “Abrieron su corazón para darnos una calurosa bienvenida y estaban deseando ayudarnos con sonrisas”. Pero además, para Lihn la JMJ fue especial porque confirmó su creencia en Dios y en la Iglesia. En la JMJ los jóvenes perciben que todo el mundo, sea del país que sea, se vuelve cercano. Es una característica que todos los jóvenes señalan y que les impacta fuertemente: experimentar realmente que el que te pasa al lado es un hermano. También ha sido así para David, de Polonia: “Fui a Colonia, quedé profundamente impresionado y me prometí que iría a Australia. He ido a Sydney con 260 jóvenes de mi diócesis”. Su primer reto, como el de tantos otros grupos, era preparar la JMJ conviviendo unos días antes. Ellos estuvieron en Bendigo, a dos horas de Melbourne. Lo primero que le impactó, como a Lihn, fue la hospitalidad de la familia australiana que lo acogió: “Una ocasión –dice– para conocer antes de la JMJ la cultura australiana. Fue genial cantar y aprender oraciones en inglés con ellos”. Pero ¿qué ha sido la JMJ? “La misma experiencia que vivimos en Colonia… Me impresionaba ver todo el tiempo a gente de todo el mundo unida para celebrar y profundizar juntos nuestra fe en Jesucristo”. A veces, darse un baño de masas entre cristianos ayuda y mucho a seguir adelante: “Fue genial –dice David– ver que no estoy solo con mi fe católica en este planeta. No era sólo una celebración, también una escuela donde podíamos resolver nuestras dudas en las catequesis diarias. Y, por supuesto, las relaciones que creas son inolvidables; las de Colonia siguen vivas y eso nos da fuerza y alegría en el día a día!” Entre esos peregrinos también estaba el Genrosso, y con ellos Antonia, de Nueva Zelanda. Ella empezó la JMJ con su grupo el 6 de julio. Les habían encargado que preparasen un concierto-festival dentro del programa de la JMJ. Eran 75 jóvenes de Australia, Nueva Zelanda, USA, Canada, India y Filipinas. “Fue una semana practicando intensamente el vivir con Jesús en medio para construir la unidad entre nosotros y con los organizadores”. Con el Genrosso hicieron una de las coreografías: “Me di cuenta de que la JMJ es aceptar a todo el mundo y vivir cada momento con gran intensidad y con cada persona que conoces. Había subestimado la JMJ”. La Vigilia es quizás el momento más especial para todos. “Todo el campo –cuenta Antonia– estaba iluminado por las velas, y cuando llegó la meditación se impuso un silencio impresionante. Jamás había imaginado que 400.000 personas pudieran estar en silencio con un mismo propósito”. Al día siguiente, el último día, el papa Bendicto XVI volvió a animar a los jóvenes a llevar aquello que habían vivido allí. “Había un sentimiento de tristeza –añade Antonia– porque la JMJ se acababa, pero sentía que Dios me había dado un regalo tan grande que tenía que volver a casa y compartir mi experiencia con otros”. En el aire de Sidney se respiraba un eterno agradecimiento y unas ganas enormes de volver a la próxima. Agárrate, ¡esta vez será en Madrid!!!


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