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La buena muerte

Ana Moreno Marín

Eutanasia
La eutanasia en Europa es legal en Países Bajos, Noruega y Suiza. En otros se ha abierto el debate sobre la conveniencia de legalizarla, como Francia, donde el caso de Sébire, la mujer con un tumor nasal incurable, conmocionó a la opinión pública. En España, tras el Congreso del PSOE, se reabre el debate. ¿Qué conllevaría su aprobación? Su objeto es causar la muerte a una persona a petición propia para evitarle sufrimientos, o por considerar que su vida carece de la calidad mínima para ser digna. Es siempre una forma de homicidio mediante un acto positivo o mediante la omisión de la atención y cuidados debidos. La eutanasia no es un concepto postmoderno: ya Platón abogaba por acabar con quienes nacieran con deformidad física o mental. Francis Bacon la incluye entre las misiones propias de un médico. En el siglo XIX se defiende como muerte “por piedad”, y en el XX se crean organizaciones pro eutanasia, como Exit, que cuenta hoy con más de 8.000 socios. Pero el mayor hito eutanásico de la historia de la humanidad lo marcó, sin duda, el nazismo. En 1933 la “Ley de prevención de las enfermedades hereditarias” justificó la esterilización de más de 375.000 personas con sordera, locura, epilepsia o ceguera hereditarias. Fue sólo el principio de la institucionalización de la muerte por excelencia. Tampoco han faltado nunca detractores, como Hipócrates, que juró no dar jamás un veneno mortal. La Asociación Medica Mundial y el Código Internacional de Ética Médica afirman que la eutanasia, la ayuda médica al suicidio y el ensañamiento terapéutico son incompatibles con la ética médica. La razón de ser de la medicina es la curación del enfermo, y cuando no es posible, mitiga sus dolores y lo acompaña en el último trance. En este sentido, María Alonso, médico de familia y experta en la materia, afirma que es éticamente correcto no someter al paciente incurable o terminal a tratamientos inútiles o desproporcionados. Pero el fin subjetivo (la compasión) no justifica acabar con el sufrimiento de un enfermo a través de un medio: el asesinato. La cuestión es muy delicada y va contra el Derecho Fundamental a la vida, la Ley Natural y la Divina.

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