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Fraternidad con África

Eduardo Ortubia

Hace diez años nacía este proyecto de colaboración al desarrollo en el que se comprometieron los voluntarios de los Focolares.


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Según la Organización Internacional para las Migraciones, cada año África pierde 20.000 trabajadores cualificados. Es la forma más grave de empobrecimiento, pues frena el desarrollo y afecta al futuro de este continente. Paradójicamente, los países africanos gastan miles de millones en contratar a expertos extranjeros.

En 2006 nace el proyecto «Fraternidad con África». Fue en ocasión del «VoluntariFest», como se denominó la celebración del 50 aniversario del nacimiento de los «voluntarios de Dios», una rama de los Focolares con miembros en todo el mundo. El objetivo de esta iniciativa, en la que se comprometieron estos voluntarios, es ayudar, mediante becas de estudio, a que los recursos intelectuales africanos se desarrollen sin tener que emigrar.

 

«Fraternidad con África», cuyo símbolo es el baobab, ese árbol típico de la flora africana a cuya sombra se reúne la comunidad, requería el respaldo de una entidad reconocida, y tal es el caso de AMU (Acción por un Mundo Unido), ONG italiana fundada en 1986 y avalada por el Ministerio de Exteriores italiano como promotora de proyectos en países en vías de desarrollo.

 

AMU interviene en sectores como necesidades básicas (casa, alimentación, salud), agricultura, trabajo artesanal, microempresas, educación, formación profesional y desarrollo social. En varios países está asociada a otras entidades, como es el caso de la Fundación Igino Giordani en España.

 

El monto medio anual de las becas varía entre 2.500€ para cursos universitarios y los 1.600€ para escuelas superiores, y los becados, según los casos, usan la ayuda para pagar la matrícula, los materiales, el alojamiento o la alimentación. Hasta 2014, ocho años desde el inicio del proyecto, «Fraternidad con África» había dotado ya un total de 879.636€ en becas.

 

El balance de estos diez años es ciertamente positivo, partiendo de la premisa que los becados se comprometen a trabajar en su país durante al menos cinco años una vez concluidos sus estudios. Pero siempre es posible afinar las cosas.

 

Según Patience Lobè, una ingeniera de Camerún que conoce bien el proyecto, «habría que precisar mejor a quién se concede las becas», ya que «serían más útiles si se destinaran a personas que planean dedicarse a una profesión precisa, que luego encuentran trabajo más fácilmente y a su vez lo crean». «Sin condicionar la libertad de la persona –añade– los estudiantes deberían dar una contrapartida en el caso de no poder mantener el compromiso de trabajar en su país durante cinco años».

 

Actualmente, «Fraternidad con África» sigue adelante gracias a un fondo que se alimenta de las formas más variopintas, desde las donaciones personales hasta los eventos con fines benéficos. En algunos casos, tales eventos adquieren la singularidad de agrupar a toda una comunidad en torno al proyecto, como es el caso de los conciertos por África en Madrid, las cenas benéficas de Aljucer (Murcia) o las alubiadas solidarias de Bilbao.

 

A veces, la recaudación apenas cubre el monto de una beca, pero como contrapartida tiene el valor de generar in situ una fraternidad que misteriosamente trasciende el objetivo mismo del proyecto.



Dos testimonios

«Me licencié en octubre de 2015. Aprecio el largo trayecto académico, a pesar de estar marcado por muchos retos. Los estudios que he realizado me han sido muy útiles para mi trabajo en Rumbek (Sudán), donde me encargo de proyectos que tienen como objetivo una transformación social sostenible. Prometo poner en práctica todo lo que he aprendido para el desarrollo de una nueva sociedad».

Simon Muchiri (Kenia), licenciado en Gestión de Proyectos Sociales

 

«Mi infancia fue difícil. Ahora los estudios me dan la posibilidad de ayudar a personas con problemas. He trabajado durante seis meses en un centro social de Treichville, tratando de ofrecer una respuesta eficaz al problema del analfabetismo, un fenómeno que afecta a siete de cada diez mujeres y que tiene efectos socio-sanitarios negativos en los hijos. Estoy agradecida a Fraternidad con África porque me ha permitido realizar esta formación. Y estoy aún más contenta porque ahora puedo ayudar a otros que pasan necesidad».

Judith T. O. (Costa de Marfil), asistente social en Cáritas



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