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Gestos pequeños, grandes ideales

Maite, Joana, Ari, María y Blanca

Una historia que contar
¡Hola! Nos presentamos: somos Maite, Joana, Ari, María y Blanca. Aunque somos de ciudades españolas dispares (San Sebastián, Santiago, Madrid, Murcia y Astorga respectivamente), nos une un afán por vivir construyendo allí donde vamos un mundo más unido y justo. Este año hemos decidido juntarnos durante una hora todas las semanas vía skype, dejando por un momento nuestras actividades, para poner en común nuestras experiencias, nuestras alegrías, nuestras dificultades... En fin, para compartir cómo cada una intenta llevar en la vida diaria el amor a los demás. En marzo recibimos una carta de nuestros amigos del Líbano, que como nosotras creen en el Amor. En ella, lanzaban un “grito de alarma”, mostrando la situación de constante guerra y desolación que viven allí, y nos pedían que contáramos esto a todo el mundo, para que se enterasen, pues no siempre los medios lo enseñan. Así que nos propusimos ofrecer cada cosa que hacíamos por ellos. Y han surgido muchas experiencias con los amigos, en la universidad. Por ejemplo, hablando de consumir innecesariamente, les hemos explicado que muchas personas no tienen tiempo de preocuparse de estas cosas, ya que hay otras más imprescindibles, como si van a estar vivas al día siguiente, y que muchas veces estas situaciones no se conocen por los medios de comunicación. A mediados de mayo, nos enteramos que el cardenal Nashrallah Sfeir, patriarca de la Iglesia maronita en Líbano, estaba haciendo un viaje por distintos países del mundo para hacer presente la situación de su pueblo a los gobiernos. En Europa, la primera escala era Madrid. Iba a hablar con el Rey Juan Carlos I el día 23 de mayo. A Blanca se le ocurrió que le escribiéramos juntas una carta al Rey. Le contamos que éramos los jóvenes del Movimiento de los Focolares y que teníamos amigos en el Líbano con los que nos manteníamos en contacto. Le dijimos que aquí tratamos de ser en el día a día constructores de paz, que nos lo hemos prometido unos a otros, y que no es una utopía, sino una realidad y un deber de compartir con quien sufre en primera persona las consecuencias de la violencia. Al final le asegurábamos nuestro apoyo para este encuentro, con el deseo de que fuera una esperanza para el pueblo libanés. Todo era un poco contrarreloj, pero la noche antes de llevarla al Palacio de la Zarzuela, la mandamos por mail a nuestros amigos, para que todo el que quisiera se pudiera añadir. Todos quisieron. Algunos llegaron antes y otros después de haberla entregado, pero ha resultado una experiencia importante y se la hemos contado también a nuestros amigos del Líbano. Al hacer correr la noticia, otra amiga nuestra que trabaja en los informativos de una cadena de televisión se puso en contacto con la embajada del Líbano y consiguió una entrevista con el cardenal Nashrallah. Fueron cinco minutos dentro de su apretada agenda, pero era la oportunidad para que pudiera explicar la situación de su país. Ella al final no pudo realizar la noticia, pero hizo todo lo posible para que una compañera no tuviera ningún problema. No importaba quién, sino el mensaje. Después se emitió como exclusiva en los informativos del día. Son gestos pequeños, como lo puede parecer el hecho de mantener cada día el empeño por construir la unidad, pero Chiara siempre nos decía que nada de lo que se hace por amor es pequeño, y que sólo quien tiene grandes ideales cambia la Historia, así que ¡ahí vamos! Con vosotros.

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