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articulo

Las estrategias de los hijos

Jesús García

Hablando de… Educación
«Pero… ¿qué importa? ¿Qué tiene de malo? ¡Si todos van a ir! ¡Sois los únicos padres que no queréis! ¡Sois los padres más raros de todos!» Con frases como éstas llenaríamos todo un artículo. Son esas “estrategias-resquicio” que usan muchos hijos para conseguir lo que quieren. Reconozcámoslo: alguna vez hemos sido víctimas de ellas. Estas frases tienen numerosos efectos en los padres. Uno de ellos es la inseguridad, pues provocan en nosotros una especie de “efecto naufragio”, y en muchos casos ensombrece la responsabilidad que tenemos como padres y educadores. Nuestros hijos deben ir adquiriendo (y conquistando) cierta autonomía mientras se van adentrando en una vida “social” sana, sensata, alegre y creativa. De la misma manera, en las circunstancias que nos rodean, padres y madres debemos invertir mucho tiempo en reflexionar sobre los criterios que determinan un correcto manejo de los permisos y las concesiones a los hijos. Les ofrezco algunos: 3 Cada hijo es diferente y esto hace que haya muchos matices a la hora de aplicar las normas. 3 La resolución adecuada de un conflicto entre padres e hijos generado por concesiones o permisos tiene como telón de fondo la “asimetría” de la relación entre ambas partes. No es una resolución entre iguales. Somos igualmente hijos de Dios y con la misma dignidad de personas, pero somos asimétricos en cuanto responsabilidad y funciones. Cuando se rompe esta asimetría, el conflicto se convierte en lucha de poder, discusión agresiva u otra cosa. 3 La solución a la que lleguemos (dar o no dar permiso) llevará asociada una carga educativa y nuestros hijos percibirán una serie de señales. Dejarles o no que vayan a la discoteca, permitirles o no que posean un teléfono móvil, autorizarles o no a ver ciertos programas de televisión va más allá de una simple moda. Transmite un mensaje sobre intenciones, valores y convicciones, y en consecuencia forma su estructura de persona. 3 Podemos y debemos razonar y dialogar con nuestros hijos sobre los aspectos a favor y en contra de conceder un permiso. En cualquier caso, nunca somos neutros. Nuestro papel es el de suministrar continuamente información y formación relativa a aquello que es saludable o no, conveniente o no. Debemos perder el miedo a “manifestar” nuestras convicciones que, a la postre, son las que vertebran las normas de la casa y de la familia. 3 A lo largo de toda su vida les hemos ido desgranado una serie de valores y creencias plasmadas en normas. De acuerdo padre y madre, hemos establecido “a priori” unas “reglas de familia” en las que todos queremos vivir; estas “reglas” no son arbitrarias, sino que responden a unas “normas superiores” que nos hacen ser más libres. Los expertos en la materia establecen dos tipos de reglas inamovibles que guardan relación con su seguridad física (por ejemplo: no separarse del grupo en una fiesta en la calle) y con los valores y creencias que cada familia establece y sobre los que el hijo no puede discutir. Si el hijo sobrepasa esos límites, deberá atenerse a las consecuencias. Por ejemplo: no se hacen fiestas en casa si no están los padres; no se va de camping sólo con la pareja… 3 La concesión realizada debe llevar asociado un beneficio para el hijo. Autorizarlos o no para que se vayan a pasar un fin de semana con los amigos, permitir o no que se hagan un tatuaje, ir a ver tal o cual película, etc. irá siempre asociado al peligro potencial al que se exponen. Cuando parezca que puede significar un daño moral o físico para ese hijo (y cada caso es cada caso), es mejor no permitirlo. 3 Hay reglas que permiten concesiones porque afectan a principios secundarios. Cuando el hijo o hija da razones de peso, se puede hacer una excepción. Por ejemplo, si “nunca” se queda a dormir fuera después de una fiesta, se hará una excepción si es en la casa de la mejor amiga y conocemos a sus padres. 3 Estemos atentos a las estrategias de los hijos: portazos, gritos, insolencias, llantos o chantajes afectivos. Nuestros hijos deben entender que las cosas no se consiguen “por la lógica de presión, sino por la presión de la lógica”. Soy consciente de que el tema da, como siempre, para más. En educación es importante (porque es una de las formas del amor) asumir responsabilidades difíciles en relación con el crecimiento de nuestros hijos. Esto también es ayudar.


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