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El precio del petróleo

Alberto Barlocci

Una cuestión que sigue la ley de la oferta y la demanda, pero con fuertes presiones de carácter geopolítico.
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La bajada del precio del crudo es inusual: un 40% desde junio de 2014. Esta caída responde parcialmente a la ley de la oferta y la demanda, pero también intervienen factores geopolíticos, como el enfrentamiento entre países productores: Irán y Rusia, aliados de Siria, por un lado, y Arabia Saudita por el otro.

Oferta y demanda

Para algunos analistas la cuestión obedece a la ley de la oferta y la demanda, más que a una estrategia política. Sin embargo, parece ingenuo desligar un aspecto del otro. Todo indica que los dos se mezclan en un contexto que cada actor intenta manejar en su provecho.
Es cierto que la oferta de crudo ha crecido en los últimos años por encima de los noventa millones de barriles diarios (mbd), sobre todo desde que entró en el mercado el petróleo no convencional de Estados Unidos (shale oil o petróleo de esquistos bituminosos). Con ello, este país pasó de ser importador de crudo a exportador, y el año pasado la Agencia Internacional de la Energía, organismo autónomo de la OCDE, vaticinaba que en 2016 Estados Unidos superaría a Arabia Saudita y Rusia como exportador. Se estima que hay un excedente de oferta de tres millones de barriles diarios, que en gran parte coinciden con el shale oil estadounidense.
Al mismo tiempo, la demanda mundial de crudo ha disminuido debido a las políticas de racionalización del uso de combustibles fósiles y los recursos alternativos, a lo cual se suma el freno a la economía de China, fuertemente atada al consumo de crudo.
Si fuera solo una cuestión de oferta y demanda, bastaría con que los doce países de la OPEP, los grandes productores de petróleo, redujesen la producción para provocar una nueva subida de precios, pero no hay acuerdo al respecto. En el pasado, la OPEP ha acordado aumentos de producción, pero no su reducción cuando ha sido necesario.

Razones concurrentes

El mayor productor mundial de petróleo, Arabia Saudita, no está dispuesto a disminuir su actual nivel de producción, de la que exporta 8,5 mbd, aunque el precio actual signifique menores ingresos. Hay quien sugiere que bastaría con que Estados Unidos utilizara en su casa la producción de petróleo no convencional para resolver el problema.
Y aquí aparece el pulso entre los productores. Para los países de la OPEP, la extracción tiene un costo promedio de 40 dólares el barril, si bien en el caso saudita baja hasta los 25 dólares. La preparación de un yacimiento dura entre cinco y ocho años, para luego explotar los pozos durante otros ocho o diez años sin necesidad de nuevas inversiones. En cambio, en el caso del shale oil el costo promedio es de 76 dólares el barril. No se trata de yacimientos, sino de ir fracturando la roca para extraer el crudo, de modo que se realizan continuas inversiones si no se quiere que la producción baje. Por eso, las empresas venden por anticipado su producción para poder solicitar préstamos que sostengan sus inversiones.
Arabia Saudita cree que un precio en torno a los 60 dólares el barril barrerá con gran parte de las empresas norteamericanas, o en cualquier caso frenará este auge, dejando la producción en los actuales niveles. Ahora bien, la casa saudita es aliada política y socia de los norteamericanos en el negocio petrolero. ¿Cómo es posible esta ambivalencia?

Aliados y rivales

La familia real saudita está compuesta por cientos de miembros, cada uno con un gran poder local, inmensas riquezas y diferentes objetivos. Al recién instalado rey Salman le corresponde la tarea de armonizar las corrientes internas, algunas comprometidas con la difusión del wahabismo, una visión radicalizada del islam que está alimentando los conflictos en Medio Oriente y el Norte de Ãfrica. Y mientras que las divergencias no afecten a la unidad interna, la tolerancia del rey será muy grande. Un ejemplo de ello fue la tolerancia con la familia de Osama bin Laden, cuya actividad era conocida por todos.
Washington, por su parte, sabe que la monarquía saudita, en cuanto custodio de los lugares sagrados del islam, cuenta con un enorme respaldo entre los países árabes e islámicos en general, por lo que su alianza, pese a las contradicciones, sigue siendo estratégica.
Riad, además, cuenta con reservas monetarias inmensas (750.000 millones de dólares), que le permiten mantenerse firme en su postura. De paso, la bajada del precio del barril pone en dificultad a dos adversarios suyos (y de Washington): Rusia e Irán. Rusia cuenta con importantes reservas (400.000 millones de dólares) pero no Teherán.
Para los sauditas, el precio del petróleo es un arma poderosa contra su gran adversario, el régimen chií de Teherán, con aspiraciones a ser una potencia regional y exportar su modelo religioso. Washington, por su parte, mira con cierto interés los efectos colaterales del precio del crudo sobre la economía de Moscú y Teherán, dos adversarios de la Casa Blanca.
En espera de cómo evolucionará el precio del crudo, hay que tener en cuenta que su disminución alienta el consumo de petróleo y vuelve menos rentables las energías renovables, más caras pero menos contaminantes. Queda claro, además, que estas estrategias políticas no se interesan por el bienestar general, comenzando por el efecto catastrófico que tiene sobre el clima el uso de combustibles fósiles. Y ese desinterés tarde o temprano nos puede hacer pagar un precio muy alto.




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