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Creando lazos con la música

Mª Reyes Castán

Una actividad que empieza con una sencilla inquietud personal puede crear lazos y acabar proyectándose hacia la solidaridad.
Hace ya algunos años que a un grupo de profesores del colegio de Educación Infantil y Primaria Hermanos Marx de Zaragoza nos surgió la inquietud de «hacer música». ¿Instrumento? La voz, ese talento tan accesible y a veces poco valorado. Hacía falta entusiasmo, constancia y una guía. Y la guía iba a ser la profesora de música, Pilar, con ganas de crear lazos entre compañeros sirviéndose de la música; lazos que nos sacaran del horario formal, de las prisas, de las reuniones estrictamente académicas. Fue en las Navidades de 2004 la primera vez que el coro se puso ante sus compañeros con cuatro villancicos.
Tres años más tarde surgió la iniciativa de aprovechar esta actividad para abrirse a otra dimensión importante en un centro educativo: la relación con los padres. Así que se les dio opción a integrarse. Con esta ampliación, la conexión con el barrio en que se ubica el colegio se dio espontáneamente, y llegaron invitaciones para actuar en residencias de ancianos, en el centro cívico, del AMPA… Las actuaciones parecen fugaces, pero van calando. En los espectadores se nota cómo algunas canciones les hacen vibrar y participan. A veces, al pedirnos un bis, los invitamos a unirse en el estribillo. Y para los del coro supone ir afrontando retos que requieren humildad al verse los límites, pero nos estimula a sacar nuevos recursos.
El siguiente paso fue la creación de un coro infantil, a tenor del proyecto de coros de la Diputación General de Aragón, que pagaba la hora de coro al docente encargado como si fuera lectiva. Fue el detonante para asumir el reto. Yo sabía qué es esa experiencia de oír tu propia voz de forma nueva y armonizarla con la de los demás para transmitir vivencias, ideas y sentimientos. Lo había vivido en el colegio de pequeña y quería compartirlo con los alumnos. No hay que tener una voz especial, sino ganas de cantar con otros niños y esforzarse en una disciplina necesaria.
El primer concierto en la sala del Conservatorio Superior fue especial. Padres, niños y profesoras compartimos la experiencia. Después han venido otros, coincidiendo a veces con coros de adultos, alternado obras infantiles con las suyas, hasta el colofón de interpretar canciones juntos. Esto último ha sido la ocasión para tener que ponerse de acuerdo. A veces costaba planificar, no solo pensando en tu coro sino en el otro. También las dos directoras, de estilos muy distintos, teníamos que hacer un esfuerzo para acoger la idea de la otra y perder la propia. La creatividad a veces nos da sorpresas. Detectábamos formas de avanzar en las que no habíamos pensado. Somos muy distintas, pero cada vez es más fácil ponernos de acuerdo.

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