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Me aferré al momento presente



En medio de la enfermedad, la fe en Dios y el amor de los seres queridos infunden seguridad para seguir adelante.
«No debes nunca mirar atrás, sino siempre adelante. Tu vida ha sido lo que ha sido. Dios lo sabe. Lo importante es que no se escape el presente, que es lo único que está en nuestras manos». «Nada de lamentos, nada de mirarte a ti mismo, nada de analizar tus sentimientos; sal de ti para ver siempre a Jesús en cada hermano que pasa a tu lado». Estas frases del libro La voluntad de Dios, de Chiara Lubich, reflejan cómo he tratado de vivir la situación dolorosa que se me presentó. Lo cuento solo por amor a quien lo lea.
Los marcadores tumorales empezaron a subir y comenzó una larga serie de pruebas oncológicas, que no llegaban a señalar dónde estaba el problema. Meses de incertidumbre. Durante ese periodo me aferré al momento presente para seguir adelante y no desfallecer.
Finalmente llegó la confirmación. Era mi segundo cáncer de mama y, al igual que el primero, requería una cirugía radical. También me anunciaron que habría quimioterapia, ocho sesiones en total, y luego radioterapia. Mi primera reacción fue preguntarme por qué otra vez. Es muy duro saber lo que te espera. No conseguía ver la luz, ni sentir el Amor de Dios. ¿Por qué mis hijas tenían que pasar otra vez por esto? La mayor, que entonces tenía nueve años, me preguntaba por qué siempre era yo la que iba al hospital, y lloraba.
Antes de ingresar para operarme mis hijas me dieron una carta. La mayor me decía que no estaba contenta de que me fuera al hospital, pero que rezaría mucho a la Virgen María para que me cuidara. Esa noche lloré, pero sentí un gran consuelo al saber que mi hija sabía que su Madre del Cielo estaba con ella.

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