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Vivir y contarlo



Vivenvencias de los lectores sobre la Palabra de vida. Envíanos las tuyas.


«Soy maestra en una escuela de educación especial. Mis alumnos habían estado muy “trastos” durante todo el día y llegué cansada a la ruta que me toca cuidar al salir del colegio. Un pequeñajo de 5 años estaba muy nervioso, chillando, dando patadas... Como lloviznaba, estábamos en el patio cubierto, y había mucho jaleo... Me acordé de la importancia de las pequeñas cosas de la que a menudo nos hablan los comentarios de la Palabra de vida y, aunque me costó sacarlo, me lo llevé a pasear por el patio y traté de hacerme uno con él: lo llevé a la puerta de su clase, vimos las fotos de sus compañeros... Cuando volvimos a la ruta, Luis estaba tranquilo y contento».

F. C.

 

«Como estoy preparando la oposición, mi horario es muy estricto y tengo que estudiar un mínimo de diez horas diarias. Anteayer no me cundió nada. Fue un día horroroso en cuanto al estudio o, al menos, eso pensaba yo. No conseguía terminar el tema y tenía que “cantar” (así se le llama a decir el tema) ante el notario al día siguiente. Pues a pesar de no haberlo terminado ni haber cumplido con el horario de estudio, ni me lo pensé: fui a misa y ofrecí todo lo que había estudiado. Al volver a casa estuve con mi familia, ayudando un poco. Ayer por la tarde me tocaba “cantar”. Salí pronto para tener tiempo de repasar. Se me caló el coche, fue un día caótico y casi no pude mirar nada. Llegó el momento y de los cinco temas que podían haberme preguntado, me tocó el que había estudiado anteayer… ¡Y lo bordé! Cansada y agobiada como estaba ese día, ofrecí mi estudio y dio su fruto. ¡Estoy feliz!».

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