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Mártires en pleno siglo XXI

Ana Moreno Marín

Crece alarmantemente en el mundo la intolerancia y violencia contra las comunidades religiosas.


La historia es real y escalofriante. Shahbaz Masih y su mujer, Shama Bibi, embarazada, 24 y 26 años respectivamente, fueron quemados vivos el pasado 4 de noviembre. Este matrimonio cristiano fue acusado de quemar presuntamente páginas del Corán, acto que en Pakistán se castiga según la ley de la blasfemia. Una turba de musulmanes respondió a la acusación dándoles una paliza e incinerándolos vivos en un horno de producción de ladrillos donde la pareja trabajaba.

 

La libertad religiosa se deteriora a nivel mundial

Este suceso, que ha movilizado a musulmanes y cristianos para pedir justicia, es un ejemplo de la persecución que sufren en el mundo 200 millones de cristianos, a los que hay que sumar otros 50 millones que son discriminados. Son cifras del último Informe de Libertad Religiosa en el Mundo que elabora bianualmente Ayuda a la Iglesia Necesitada. Y aunque los cristianos son la minoría más perseguida, no son los únicos. Según el informe, la libertad religiosa se vulnera en 82 de los 196 países analizados.

 

Además, se ha registrado un deterioro significativo en 55 países, es decir, en el 28%. Mientras que el nivel de alarma está encendido en veinte países, de ellos, catorce están ligados al islam radical y seis a regímenes totalitarios como Corea del Norte o China. Veamos algunos ejemplos.

 

Birmania, el aislamiento de los rohingya

En este país de mayoría budista, viven unos 800.000 musulmanes rohingya. Esta etnia es objeto de una «discriminación permanente y sistemática», según la ONU, cuando no objeto de una violencia directa que les obliga a refugiarse en la India. De hecho, son considerados inmigrantes ilegales, no pueden viajar y ahora se ha promulgado una ley que prohíbe a los matrimonios rohingya tener más de dos hijos. Human Rights Watch califica la medida como «una limpieza étnica» virtual y para Aung San Suu Kyi, conocida líder de la oposición birmana y Premio Nobel de la Paz, constituye «una flagrante violación de los derechos humanos». Sólo en los últimos dos años más de 10.000 musulmanes rohingya han tenido que huir, según grupos activistas pro derechos humanos.

 

Siria e Iraq, bajo el azote del Estado Islámico

Pero, sin duda, el principal foco de violencia religiosa lo encontramos actualmente en Iraq y Siria. El Estado Islámico arrasa con una violencia sin límites toda comunidad religiosa que no se convierta a su versión radical del Islam. No sólo los cristianos son víctimas de este azote extremista, también los yazidíes, una pequeña comunidad religiosa perseguida desde la antigüedad que tiene sus raíces en el norte de Iraq, Siria y Turquía. Su religión mezcla elementos del cristianismo, el islam y creencias tribales. Sólo en el mes de agosto pasado la ofensiva del «califato islámico» dejó 500 yazidíes muertos, unas trescientas mujeres esclavizadas y al menos 200.000 desplazados, según el Ministerio de Derechos Humanos de Iraq.

 

Junto a ellos, los cristianos también están siendo duramente perseguidos. Se calcula que el conflicto ha causado ya diez millones de desplazados, de los cuales 450.000 son cristianos. Muchos huyen a Jordania o Turquía dejándolo todo atrás. Mientras que los que se quedan viven bajo amenaza continua, conscientes de que ir a misa puede significar la muerte, como reconoció Mireille Al Farah, cristiana siria, durante la presentación del informe en Madrid.

 

Egipto, el termómetro de Oriente Próximo

En Egipto, un país musulmán con 80 millones de habitantes, viven diez millones de cristianos coptos. Su mayor o menor libertad es el mejor reflejo del futuro de los cristianos en Oriente Próximo. Así lo sostiene el periodista, escritor y profesor Fernando de Haro, quien acaba de presentar el documental Walking Next to the Wall (Pegado a la pared). «Los coptos no disfrutan de los mismos derechos que el resto de ciudadanos. En los últimos tiempos, 85 iglesias copto-cristianas han sido destruidas, quemadas, saqueadas. Ha mejorado la legislación, pero la discriminación es una mentalidad; no se puede acabar con ella solo a través de la ley», asegura.

 

Durante la grabación ha podido experimentar esa persecución personalmente. Los militares les registraron varias veces, fueron intimidados por miembros de los Hermanos Musulmanes e incluso tuvieron que ocultar las cámaras para pasar los controles. «Pero no podíamos detenernos ante lo que estábamos viendo», afirma. Ante historias como la de Nadia. «Una bala atravesó el corazón de su marido en los ataques de marzo de 2011, en los que murieron diez cristianos. Nadia vive de reciclar basura, es extremadamente pobre, viste de negro y tiene 28 años. Le preguntamos: “Tienes una vida muy difícil, ¿por qué no abandonas el cristianismo? Respondió: “No pienso hacerlo. No dejaré de ser cristiana, porque Cristo se sacrificó por nosotros. ¿Por qué no vamos a sacrificarnos por Él?”, cuenta Fernando.

 

Diálogo interreligioso y diplomacia como antídotos

Pero no todo está perdido. En medio de tanta intolerancia, el diálogo surge como una llama de esperanza. Así lo reconoce Carlos Carazo, subdirector de Ayuda a la Iglesia Necesitada en España. Para él la solución en los países de mayoría musulmana pasa por el diálogo interreligioso, «que está siendo un reto y que el Papa está tomando muy en serio; en los regímenes totalitarios, hace falta diplomacia».

 

Carlos también recuerda que la persecución es un hecho en la vida de la Iglesia en sus dos mil años de historia y lo va a seguir siendo. «El enemigo de la fe es que nos acostumbremos. Por eso, conocer el testimonio de los cristianos que viven perseguidos fortalece la fe de los españoles». Y más en un momento en el que en Occidente la religiosidad se va relegando a un segundo plano en pro de nuevas “religiones” como el relativismo o un laicismo agresivo. Pero además del testimonio, desde Ayuda a la Iglesia Necesitada piden a la gente que se informe, que rece y que, si puede, apoye algún proyecto que despierte su caridad. Y es que en nuestras manos también está el que las muertes de estos mártires del siglo XXI no sean en vano.





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