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¡La Economía es una ciencia social!

Marc Miró

Marc Miró, barcelonés de 20 años y estudiante de Economía, participó por primera vez este verano en una escuela de Economía de Comunión.
¡Increíble! Ésta es sin duda la palabra que describe mejor mi vivencia en la Escuela de Verano EdC de París. Sabía que iba asistir a algo distinto, algo que nunca antes me habían enseñado en mi grado en Economía, pero no tenía ni idea de qué sería eso de la llamada Economía de Comunión, ni tampoco conocía demasiado de los Focolares. Ante mi sorpresa, esta comunión teorética fue llevada a la práctica desde del primer momento. Los participantes éramos de más de veinte países distintos, asiáticos y africanos incluidos, pero ésta no fue barrera para conocernos e intercambiar experiencias y opiniones entre gente de tan distinta procedencia. Una cosa nos unía: el amor por el ser humano. Y sobre esta base se desarrollaron los acontecimientos. Esta comunión se vivió no sólo entre los propios alumnos, sino también con los profesores y organizadores, con los cuales pudimos hablar, comentar o discutir siempre que quisimos. Las diferentes charlas partieron de un punto de vista económico para dirigirse después a la empresa propiamente. Me sorprendió que en la primera conferencia, Luigino Bruni tratase conceptos filosóficos como, por ejemplo, la evolución del sentido de happiness [felicidad] desde Platón hasta la modernidad. Y es que ahora veo que los temas sobre economía o empresa no pueden abordarse de forma independiente a campos como la filosofía o la antropología, ya que cuando hablamos de hacer business [negocios], el elemento clave no es ni el beneficio ni la tipología de actividad, sino el conjunto de personas que forman parte de ésta. ¡No debemos olvidar que la Economía es una ciencia social! Ahora bien, en la escuela no solo hubo clases teóricas, también hubo tiempo para poner en práctica aquello que aprendimos en los diferentes workshops. Por un lado, el de investigación, en el que los participantes expusieron los proyectos en los que estaban trabajando para que después los demás preguntásemos y aportáramos ideas. Y por otro, el de emprendedores, en el que se desarrollaron diferentes ideas de negocio donde se aplicara la Economía de Comunión. En definitiva, ésta ha sido una escuela corta y muy intensa, donde he vivido la puesta en práctica del evangelio en todos los sentidos. Me he sentido parte de una comunidad de verdadera comunión, con independencia de las creencias u opiniones de cada uno. Pero lo que más me ha marcado ha sido la sonrisa, siempre presente, en cada uno de los participantes. ¡Estoy muy agradecido por esta magnífica oportunidad!


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