Fue noticia de un día, pero sigue fresco el episodio del alcalde de Sestao (Vizcaya). El hombre tuvo el “desliz” de calificar en público, conjuntamente y de modo peyorativo a los inmigrantes y delincuentes que pueblan un barrio de su ciudad. No obstante el revuelo y aunque algunos pidieran su dimisión, su partido, el PNV, fue el más votado del municipio en las elecciones europeas del pasado 25 de mayo. ¿No es sintomático?
Es discutible que sus declaraciones fueran intencionalmente xenófobas, pero no fue “su intención” lo más cacareado en la prensa, sino “su actitud”. Por eso uno se pregunta si el apoyo en las urnas no estará respaldando precisamente una posición de rechazo a la entrada de extranjeros. No se pueden sacar conclusiones de un episodio, si no fuera porque los resultados de las últimas elecciones europeas avalan esa tesis. Basta ver cómo ha avanzado en Francia, Holanda, Dinamarca, Gran Bretaña o Austria la extrema derecha, cuyo tradicional posicionamiento en tema de inmigración no es precisamente el más acogedor.