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Crimea, luego Transnitria, Abjasia…

Michele Zanzucchi

La situación de Ucrania podría estimular a las autoridades rusas a seguir anexionándose territorios de las «fronteras del imperio».
El presidente ruso, Vladimir Putin, ha hecho una demostración de fuerza en Crimea, procurando a la vez calmar a los gobiernos y a la opinión pública occidentales. Pero no lo ha conseguido. Y es que se están despertando pequeños estados, o que pretenden serlo, en la periferia de la Federación Rusa, residuos de la política soviética de colonización, que en los años 40 y 50 transplantó a millones de personas a los territorios más distantes de Moscú con la clara finalidad de meter cuñas de población rusa entre las etnias locales y así controlarlos mejor. Tal política se llevó a cabo en los actuales países centroasiáticos de Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, de los que progresivamente han salido oleadas de población rusa tras la caída del muro. Hoy las relaciones con estos estados están enmarcadas dentro del Grupo de Shanghai, al que también pertenece China, y cuyos objetivos son militares, económicos y culturales. En el problemático Cáucaso, que es un conglomerado de un centenar de etnias, la política de Putin ha cimentado una corona de hierro filorrusa a caballo entre Ciscaucasia y Transcaucasia. Otro sentido no tienen las “conquistas” de dos regiones de Georgia, Abjasia y Osetia del Sur, hoy bajo control ruso de facto. Y no olvidemos Nagorno Karabaj o Alto Karabaj, enclave armenio dentro de Azerbaiyán, fiel aliado de Moscú y gobernado por la dinastía “veterosoviética” de los Aliyev. Volviendo a Europa, Transnitria, una delgada franja entre la República de Moldavia, de la que aún forma parte, y Ucrania, es un territorio donde un potente partido comunista viene reclamando unirse a Moscú. El 18 de marzo pasado, Mijaíl Burla, presidente del soviet supremo de Transnitria, pidió al presidente de la Duma rusa que iniciase las maniobras para unir su territorio a la Federación Rusa. Ya en 1992 Transnitria se declaró independiente y sólo la reconocieron –¡qué casualidad!– Abjasia, Osetia del Sur y Nagorno Karabaj. Pues bien, según el diario ruso Vedomosti, en el referéndum celebrado en 2006, no reconocido por la Unión Europea ni por la comunidad internacional, el 97% de la población (casi toda de origen ruso) votó por unirse a la Federación Rusa.

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