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Nuestra propina

Roberto Almada

Tres ejercicios que apenas consumen una hora diaria y nos permiten evitar el desaliento.
Después de escribir el libro El cansancio de los buenos para la editorial Ciudad Nueva, me he encontrado con mucha gente cansada o interesada en no cansarse. Frecuentemente, en cursos o conferencias, los participantes me piden que ofrezca algunos consejos fáciles de actuar y recordar para preservarse del desgaste de la vida laboral, social y familiar. En base a estos requerimientos me propuse buscarlos. Para que sean fáciles de recordar tendrían que ser pocos y sencillos, y para que sean factibles, no tendrían que ocupar mucho tiempo de nuestra jornada. Por otro lado, estos consejos deberían ser medianamente eficaces para prevenir el desaliento o el desgaste, tanto del cuerpo mismo como en lo psíquico y espiritual. En algunos países la propina es un porcentaje del costo total de un servicio. El consejo que les ofrezco, pues, es darnos una propina de autocuidado en medio de nuestra fatiga laboral. Les propongo dedicar veinte minutos diarios en tres acciones bien definidas. En total una hora, un 4% del día. ¿Es posible apropiarnos de una hora del día para cuidarnos? Si no cree poder emplear ese tiempo, no siga leyendo. Una hora es un tiempo mínimo; con menos de eso estaríamos en el caso de una propina que no alcanza para nada y que, para quien la recibe, resulta más antipática que útil.

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