Apreciados lectores, clientes, amigos: cumpliendo con todas las recomendaciones y obligaciones marcadas por nuestras autoridades podemos, con todo, seguir manteniendo el servicio de venta ON LINE y envío de libros. Podría haber alguna demora respecto a los tiempos de entrega habituales pero por nuestra parte seguimos OPERATIVOS.

Estaremos disponibles para cualquier incidencia bajo la modalidad del teletrabajo, vía telefónica (horario especial de 9 a 13h), email o a través de nuestras redes sociales, para cualquier consulta que necesitéis resolver. Asimismo, os confirmamos que nuestro almacén se encuentra en funcionamiento y que, por tanto, será posible continuar con los envíos. Con estas medidas preventivas buscaremos seguir prestando nuestros servicios a nuestros clientes de la mejor manera posible.

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El inicio de algo más

Betty M.

Con otros vecinos nos hemos puesto de acuerdo para mejorar, en cuanto esté a nuestro alcance, la convivencia con los demás vecinos.
Al término de su servicio, la comunidad de vecinos le pidió a mi marido que continuara siendo vocal de nuestro portal, dada la gestión positiva que había realizado en el cargo y la buena relación con el presidente. A raíz de esta invitación, en casa nos planteamos cómo mejorar la relación con nuestros vecinos. Con algunos es más fácil, somos más afines; con otros, sin embargo, nos cuesta más, pues los hay que no pagan la comunidad o generan a veces cierto malestar entre todos. Las Navidades pasadas nos ofrecieron la oportunidad de mejorar la convivencia con todos. Se nos ocurrió hacer un bollo típico, que en mi tierra llamamos pan dulce, heredado del panettone italiano, y regalárselo a cada una de las familias del portal (¡unas 20!). Mi casa rebosaba de olor a frutos secos, agua de azahar, vainilla, canela, pan recién horneado, papeles de colores para envolver los bollos y muchas horas de dedicación en la cocina. No había duda que allí se preparaba una fiesta. Cuando fui a llevárselo a una de mis vecinas morosas, me quité de la cabeza todos los prejuicios que tenía para acercarme a ella como la Navidad me pedía: sólo con una actitud de acogida. Mi vecina se emocionó y me dio un abrazo. Justo llegaba de la calle con frío y pensaba tomarse un chocolate caliente… ¡Con mi bollo era lo más!

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