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Cibercondría

María Alonso Ovies

«Doctor, llevo unos días con dolor de cabeza. Estoy muy preocupado porque creo que tengo un tumor cerebral…».
«Doctor, llevo unos días con dolor de cabeza. Estoy muy preocupado porque creo que tengo un tumor cerebral…». La hipocondría es un trastorno que se caracteriza por una preocupación y miedo a tener, o la convicción de padecer, una enfermedad grave a partir de la interpretación errónea de los síntomas corporales. La preocupación persiste a pesar de las exploraciones y explicaciones médicas apropiadas; los pacientes dudan permanentemente de los diagnósticos realizados, y no es raro que busquen incesantemente a un facultativo que confirme sus peores augurios, con el consiguiente gasto en pruebas diagnósticas y tratamientos innecesarios. Estos enfermos antes acudían a consultar libros de medicina y revistas en las bibliotecas, pero hoy lo tienen mucho más fácil. Gracias a internet es sencillo acceder a información sobre salud. Esto puede ser de ayuda en algunas ocasiones, pero en otras tiene como resultado una escalada sin fundamento de la ansiedad cuando las búsquedas son realizadas para efectuar un diagnóstico partiendo de síntomas comunes. Se aúnan el exceso de información con la falta de suficiente criterio para su interpretación, pudiendo generarse lo que podríamos calificar de hipocondría del siglo XXI, para la que se emplea el término «cibercondría». El primer estudio sistemático sobre la cibercondría, publicado en noviembre de 2008, lo llevó a cabo la compañía Microsoft. En él, los investigadores Ryen White y Eric Horvitz obtuvieron unos resultados que muestran que los buscadores de internet tienen el potencial de provocar «preocupaciones médicas». Demostraron que la escalada en la ansiedad esta influenciada por la cantidad y distribución del contenido médico al alcance de los usuarios, la terminología clínica utilizada y la predisposición del usuario a no buscar explicaciones más razonables para sus dolencias. También constataron la progresión innecesaria en la búsqueda de información que iba más allá de lo que inicialmente se pretendía y que, tras múltiples búsquedas, se alteraban las actividades habituales en la vida del usuario. Los autores aconsejaban a los proveedores de contenidos web que fueran conscientes de su potencial para aumentar la «ansiedad médica», y que consideraran las consecuencias de la publicación de una información médica alarmante, sobre todo para las personas que recurren a internet para interpretar síntomas comunes. Ahora, gracias al doctor Google, cualquiera puede conocer con unos pocos clicks de ratón las manifestaciones de cualquier patología. Los pacientes que ponen en duda el consejo médico o el diagnóstico de un profesional y que citan para ello fuentes no fiables de la web son cada vez más comunes. Se pasa con facilidad de consultar contenidos en la red para facilitar la interacción médico-paciente a situaciones de conflicto al cuestionar, sin fundamento, el nivel profesional de la atención. Han aumentado así las crisis de ansiedad y la automedicación. La población en general, y algunos profesionales, no son conscientes de que, debido a la ingente información biomédica que circula por internet, no es fácil poder seleccionar los recursos adecuados. Para ello es fundamental poder evaluar la calidad de la información que se publica en la red, que no pasa por los filtros editoriales que tradicionalmente se aplican a las publicaciones en medio impreso. Según varios estudios, mucha de la información disponible en materia de salud es inadecuada. Sin conocer la calidad es imposible hacer un buen uso de internet como fuente de conocimientos. Estamos convencidos de que la relación médico-paciente es insustituible, y que debe estar sustentada en la confianza mutua. Es mejor pedir una segunda opinión profesional antes de enloquecer buscando interpretaciones a nuestras dolencias en una maraña de información que está fuera de nuestro posible discernimiento.



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