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PISSARRO

Clara Arahuetes

CaixaForum Barcelona. Hasta el 26 de enero
De todos los pintores impresionistas, Pissarro es el menos conocido; sin embargo, era considerado por los mismos artistas de la época como un maestro. Cézanne lo definió como «el primer impresionista» y dijo de él que era «humilde y colosal». Con esta exposición se rinde homenaje a una figura fundamental de este movimiento artístico y el único que participó en las ocho exposiciones de los impresionistas celebradas en París entre los años 1874 y 1886. Sin pretender hacer escuela, Pissarro ayudó a los jóvenes creadores y a su vez él aprendió de ellos, desempeñando un importante papel de mentor y amigo de Monet, Renoir, Sisley, Degas, Cézanne, Gauguin, Seurat, Signac... Se puede decir que su influencia fue decisiva en los que después serían los fundadores de la modernidad y ellos le consideraban como un padre: «Era algo así como el buen Dios», dijo Cézanne de él por su figura patriarcal con larga barba blanca y la tendencia a acoger a todos. A pesar de sus cualidades, desde muy pronto Pissarro fue eclipsado por el éxito de Monet. Las colinas, los árboles, los huertos, el campo y la tierra junto a los campesinos fueron los protagonistas de sus pinturas, lo que le valió el apodo de «pintor de las coles». Las obras expuestas en esta muestra se articulan en torno a los lugares donde vivió y que inspiraron su creación con escenas que describen los alrededores de París: Louveciennes, Pontoise y Éragny. Paisajes rurales que cambió por los urbanos cuando tenía 60 años y que materializó en vistas de las grandes avenidas de París, Ruan, Dieppe y El Havre, que le darían por fin el éxito comercial Recorremos en la exposición los lugares donde vivió y trabajó el artista y vemos que siempre recurre a un tema visual, el camino. Pissarro lo utiliza para organizar el espacio pictórico y conseguir la perspectiva y la profundidad: una calle saliendo de un pueblo, un camino a través del campo, un sendero que se pierde en el bosque, nos invitan a recorrer el paisaje que el pintor describe, mientras que al final de su vida se sirve de las grandes vías urbanas en perspectiva, como el Boulevard Montmartre o la Avenue de l’Opéra. En 1857, Pissarro conoció a Corot, que recomendaba a sus alumnos salir a pintar al aire libre, por lo que vemos en esta muestra algunos ejemplos de su pintura de este momento, donde se refleja la influencia de Corot y Courbet. Casi en la misma época coincidió en la Academie Suisse con Monet y Cézanne, con los que continuaría su relación a lo largo de los años. Con Monet coincidió en 1869, cuando se instaló en Louveciennes; allí trabajaron juntos y experimentaron con el nuevo estilo impresionista. Un año más tarde, al estallar la guerra franco-prusiana, ambos se refugian en Londres y contemplan las obras de Turner, que inspiran a Pissarro. De regreso a Francia, Pissarro reside en Pontoise (1872-1882), y en su obra refleja un paisaje donde se mezcla lo rural con un incipiente desarrollo industrial. En ese momento trabaja con Cézanne, y los dos pintores se influyen mutuamente. El último lugar de residencia permanente del artista fue Éragny, donde pinta los huertos y las praderas cercanas a su casa, con los árboles frutales como principales protagonistas. El deseo de renovación de Pissarro le lleva a experimentar con el neoimpresionismo o puntillismo, creado por Seurat y Signac, que abandonará hacia 1890. Durante estos años se interesa cada vez más por el paisaje urbano. Las dos últimas salas de la exposición recogen las vistas de París, Londres, Ruan, Dieppe y El Havre, que realizó durante la última década de su vida. Debido a una dolencia ocular, no podía trabajar al aire libre y desde la ventana de los hoteles donde instalaba su estudio pinta las grandes avenidas de la ciudad. Junto a este nuevo interés por lo urbano, Pissarro dedicará su obra más tardía a las ciudades portuarias de Normandía. Durante sus cuatro estancias en Ruan plasma numerosas vistas de los puentes, series que sin duda están relacionadas con Monet, pero que son diferentes en sus planteamientos. El interés de Pissarro por este tipo de paisaje culmina en El Havre, donde realiza su última serie de pinturas, que concluye unas semanas antes de su muerte, en el mismo lugar donde había desembarcado casi medio siglo antes procedente de América. Ésta es la primera exposición monográfica que se le dedica en España a Pissarro y una ocasión única de ver reunida toda su obra desde su llegada a París desde el Caribe, donde nació, hasta su muerte en 1903. Clara Arahuetes clara.arahuetes@telefonica.net

De todos los pintores impresionistas, Pissarro es el menos conocido; sin embargo, era considerado por los mismos artistas de la época como un maestro. Cézanne lo definió como «el primer impresionista» y dijo de él que era «humilde y colosal». Con esta exposición se rinde homenaje a una figura fundamental de este movimiento artístico y el único que participó en las ocho exposiciones de los impresionistas celebradas en París entre los años 1874 y 1886. Sin pretender hacer escuela, Pissarro ayudó a los jóvenes creadores y a su vez él aprendió de ellos, desempeñando un importante papel de mentor y amigo de Monet, Renoir, Sisley, Degas, Cézanne, Gauguin, Seurat, Signac... Se puede decir que su influencia fue decisiva en los que después serían los fundadores de la modernidad y ellos le consideraban como un padre: «Era algo así como el buen Dios», dijo Cézanne de él por su figura patriarcal con larga barba blanca y la tendencia a acoger a todos.



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