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El duelo y la relación

Vicente Villatoro

El duelo es el conjunto de procesos psicológicos y psicosociales que siguen a la pérdida de una persona con quien se estaba vinculado afectivamente
El duelo es el conjunto de procesos psicológicos y psicosociales que siguen a la pérdida de una persona con quien se estaba vinculado afectivamente. En la mayoría de las culturas se ha asociado a signos externos, como la ropa o el aislamiento, que denotan los cambios internos y externos del sujeto para adaptarse a la nueva realidad. Se lo considera un proceso normal, no una enfermedad psiquiátrica ni una depresión. Su duración es variable y pasa por distintas fases: shock, desorganización, negación, depresión, culpa, ansiedad, ira y finalmente la resolución y aceptación. Se expresa con síntomas emocionales, pero también con otros de la esfera laboral, económica, familiar, espiritual, cultural, social... La intensidad de los síntomas es variable, y generalmente incapacitan durante los primeros días, pero van disminuyendo progresivamente. A veces evoluciona de forma patológica o se asocia a conductas adictivas. Podemos preguntarnos qué papel puede jugar la relación para abordar esta situación. Todos estaremos de acuerdo en afirmar que cada sujeto está en continua relación con otros sujetos, cosas y organismos. Somos una red de relaciones. El sujeto es tal si se relaciona. Gracias a la relación dinámica con los demás nos conocemos a nosotros mismos y a los demás, aprendemos y nos adaptamos a los cambios de nuestro entorno. Por ello, desde la relación podremos alcanzar nuestros objetivos, mejorar y desarrollarnos. El duelo está en nuestra vida. Nos toca a veces en primera persona, otras en familiares, amigos, conocidos o profesionales. ¿Qué podemos hacer desde la relación para abordar el duelo? Hay innumerables posibilidades: 1. Apoyo psicológico. En el duelo hay un intenso sufrimiento y una sensación de soledad y de sentirse desubicado. Muchas personas no tienen con quién compartir su malestar, bien porque su red social se ha deteriorado o porque no quieren preocupar a sus allegados. Por eso es posible que nosotros seamos el único recurso para que el sujeto exprese lo que siente o le preocupa. Expresar los sentimientos tiene un alto valor terapéutico. Y esto se consigue mediante la escucha activa, dando a entender al otro que lo comprendemos. Esto ayuda al sujeto a verse como una persona normal y le ayuda a reestructurarse. 2. Planificación del futuro. Tras una primera fase de shock y bloqueo, el sujeto ha de planificar su futuro. Podemos ayudar haciéndole ver que es doloroso pero que todos tenemos que pasar por ahí. La duración de esta fase es de unos doce meses, aunque se puede alargar. No es lineal, sino que suele haber periodos de remisión y mejora, generalmente en relación con las fechas señaladas. Ayuda el establecer algunas pautas sencillas en forma de metas progresivas con las que el individuo recobre cierta sensación de control sobre la situación. Podemos recomendarle que recupere, de forma pausada pero progresiva, las actividades lúdicas y profesionales que más le agraden. Por otra parte, se deben limitar las acciones que cronifican este proceso adaptativo (visitas demasiado frecuentes al cementerio en caso de fallecimientos, búsqueda obsesiva de lo que nos recuerde a la persona fallecida, etc.). No es conveniente iniciar pronto una nueva relación afectiva ni tampoco tomar decisiones importantes; hay que dejarlas para más adelante. También ayuda el infundir esperanza y optimismo. Es clave transmitir el mensaje de que tiene que darse tiempo, no obligarse a tener que estar bien pronto, sino permitirse llorar y estar triste. 3. Detectar si el duelo es complicado. Se ha demostrado que uno de los principales factores en la cronificación del duelo o la depresión son los sentimientos de culpa. El individuo quiere hallar una causa de su desgracia y tiende a reinterpretar los hechos de forma culpabilizante. Piensa que ha cometido errores por acción u omisión que han producido la muerte del ser querido. Aquí una relación adecuada permite trabajar con el sujeto estos sentimientos, insistiendo en que nadie sabe qué hubiera ocurrido en otras circunstancias y, por tanto, es imposible hacer ficción sobre el tema. La relación ayuda a detectar reacciones anormales que requerirían una atención profesional, como es la negación continuada de la muerte, cuando había una extrema dependencia afectiva y funcional con el fallecido; si el sujeto presenta intenso nerviosismo o no puede dormir; si cree que no puede superar la pérdida; si consume drogas, alcohol o tranquilizantes. También en caso de ánimo triste intenso durante más de dos meses o si ve que no puede realizar sus tareas habituales. 4. Disponibilidad. Para que exista relación es básico ser accesibles en estas situaciones. No sólo es importante el tiempo y lugar, sino también la actitud de estar vacío ante el otro. A menudo se nos olvida que la relación se establece de forma sucesiva y continuada en distintos momentos. Cada acto es único y cada momento influye y condiciona nuestro comportamiento y el de los demás. Acercarnos al duelo es una oportunidad para que crezcamos nosotros y las personas de nuestro alrededor.


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