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Ser social, pueblo, nación

José María Quint

Resulta interesante volver a leer las reflexiones de Edith Stein sobre el ser social de la persona y el sentido de pertenencia a un pueblo. ¿Pueden ofrecernos algo en el momento actual?
Edith Stein fue una mujer excepcional: importante filósofa fenomenológica (la primera mujer en doctorarse en Filosofía en Alemania, en 1916), santa carmelita del siglo XX y copatrona de Europa. Nació en el seno de una familia judía en Breslavia, hoy territorio polaco pero en aquella época territorio prusiano. Se consideraba profundamente alemana, más que polaca, pero sobre todo del pueblo judío. Tras convertirse al cristianismo a los 30 años, entró en el Carmelo. Durante la Segunda Guerra Mundial, es enviada por los nazis al campo de concentración de Auschwitz con otros católicos de origen judío en represalia por la declaración de los obispos holandeses en contra del nazismo. Murió como mártir católica ofreciendo su vida por su pueblo, el judío. Es famosa la frase que dirigió a su hermana Rose en el momento de ser apresadas: «Ven, vayamos… por nuestro pueblo». En «La estructura de la persona humana» (1931)1, Edith Stein afirma que el individuo no puede considerarse aislado del mundo en el que vive; sería una abstracción. «Su existencia es existencia en un mundo, su vida es vida en común». El entorno influye en el desarrollo de la persona y en su constitución. El hombre es un ser social que vive en una comunidad, y en última instancia en la comunidad que es la humanidad. Ser mujer, ser padre o ser jefe conforman la estructura del ser de la persona tanto como el hecho de haber crecido en una determinada comunidad. Las características típicas del alemán (organizado) o del inglés (pragmático), por ejemplo, se han ido formando por el entorno y por la tradición (historia, religión, etc.). Estas características se van heredando de generación en generación, son consustanciales a la persona y continúan formándola durante toda su vida (influencia de la familia, la educación, su ciudad natal, etc.). Una persona se forma, no hay que olvidarlo, por la influencia de varias comunidades, como la misma Edith Stein: judía, de Silesia, alemana y europea.

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